La presencia rusa en Mali se salda con bajas

El 23 de septiembre de 2023 un avión modelo Ilyushin Il-76TD con matrícula militar maliense TZ-98T se accidentó al aterrizar en la pista 06L del aeropuerto de Gao (Mali). El avión tomó tierra demasiado lejos de la cabecera, no teniendo tiempo para frenar. El resultado es que el aparato se salió de la pista, y recorrió varios cientos de metros antes de estallar en llamas. Se desconocen las razones por las que el piloto tomó tal decisión equivocada, cuando lo lógico es que hubiera renunciado a tocar tierra, o se hubiera limitado a un “touch and go”, para intentar una segunda aproximación. Los pilotos antes del vuelo deben saber la longitud de pista necesaria para aterrizar considerando las características del aparato y el peso añadido de combustible, pasajeros y carga. El avión accidentado fue fabricado en la factoría de aviación de Tashkent (Uzbekistán). Voló por primera vez el 24 de diciembre de 1992 y el último operador conocido del aparato fue Sapsan Airlines de Kirguistán bajo la matrícula EX 76007. Se trata de un diseño soviético usado por distintas aerolíneas de países soviéticos usados frecuentemente en vuelos de carga al servicio de las misiones en África de organismos internacionales, agencias de ayuda y gobiernos occidentales. Al parecer, en el avión viajaban 140 personas, la mayoría personal ruso y militares malienses, además de los siete tripulantes. El fuego consumió completamente el aparato. Se sabe que el accidente provocó víctimas mortales, incluyendo ciudadanos rusos. Se sabe que el accidente provocó víctimas mortales, incluyendo ciudadanos rusos. Entre los restos del aparto pudo apreciarse al menos un vehículo blindado 4×4, posiblemente un NORINCO VP11, como los que recibió el ejército de Mali procedente de China. Véase anteriormente en OSINT Sahel: «Nuevos blindados chinos llegan a Mali» (junio de 2023). Distintas fuentes, incluyendo la agencia AFP, vinculan este aparato a las operaciones del Grupo Wagner en Mali. No sería el primer caso de un avión Il-76 usado por Rusia para trasladar personal y material entre Rusia, Oriente Medio y África al servicio de la empresa. Véase el caso del aparato Il-76 con matrícula TL-KPA de República Centroafricana. Aunque este aparato habría estado operado por personal ruso y servido para las operaciones del Grupo Wagner, en el momento del accidente operaba para la fuerza aérea maliense con marcas e insignias militares de Mali. La pérdida del Il-76TD de transporte no es la única pérdida sufrida por las fuerzas armadas de Mali y sus aliados rusos en las últimas semanas. Como dimos cuenta el pasado día 20 de septiembre aquí en OSINT Sahel en “Pérdidas significativas de las fuerzas armadas de Mali en un contexto de guerra abierta en el norte del país”, la fuerza aérea de Mali ha perdido un avión de ataque Su-25, dos entrenadores armados L-39C y un helicóptero de transporte Mi-8T. Además, las fuerzas separatistas de la Coordinadora de Movimientos de Azawad mostraron haber capturado un dron de origen ruso Orlan-10. Sobre el terreno, personal ruso también ha estado operando junto al ejército maliense contra los separatistas del norte de Mali y grupos yihadistas, sufriendo bajas en combate. El pasado mes de septiembre, la franquicia local de Al Qaeda, el Frente de Apoyo del Islam y los Musulmanes, mostró el cadáver de un combatiente ruso mientras los combates se generalizan en todo el norte del país. Los incidentes relacionados con los medios aéreos de las fuerzas armadas de Mali han continuado. El día 1 de octubre el helicóptero de transporte Mil-171E con matrícula TZ-43H realizó un aterrizaje de emergencia en el estadio de Segou. Atendiendo al aparato se pudo ver personal de origen europeo, presumiblemente tripulantes y técnicos rusos. La incógnita ahora es si las fuerzas armadas de Mali pueden sostener este ritmo de pérdidas En pocos meses de operaciones un país con recursos limitados ha perdido aparatos valiosos que difícilmente puede reponer con rapidez. Además, su gran aliado ruso seguramente tendrá dificultades para desprenderse de aviones de ataque y helicópteros a precio módico, ya que son necesarios ahora mismo en la guerra de Ucrania.

Una nueva alianza en el Sahel

El día 15 de septiembre quedó registrada la llegada a Bamako, procedente de Moscú vía Siria, de un avión Il-62M perteneciente a la 223ª Escuadrilla de la fuerza aérea rusa, especializada en el transporte de personalidades. El aparato transportaba al viceministro ruso de Defensa, Yunús-bek Yevkúrov, que anteriormente había visitado Burkina Faso a finales de agosto de este mismo año y había empleado el mismo medio para trasladarse a Mali. El viceministro de Defensa ruso se reunió en Bamako con los ministros de Defensa de los gobiernos de facto de Mali y Níger. En el caso de Níger, se trataba del general Mody a quien se considera el número 2 de la junta militar nigerina [véase anteriormente en OSINT Sahel “Los hombres fuertes de la junta golpista de Níger (1): Salifou Mody”]. Al día siguiente, los jefes de Estado Mayor de las fuerzas armadas de Níger y Burkina Faso firmaron en Bamako con el presidente de la junta militar de Mali, el coronel Assimi Goita, la creación de la Alianza de los Estados del Sahel (AES). La nueva alianza se plantea como objetivos la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, pero menciona específicamente la defensa colectiva de sus miembros frente a amenazas externas. Esto supone la consolidación de un bloque de países en el corazón del Sahel occidental enfrentado a la CEDEAO [véase anteriormente en OSINT Sahel “La crisis de Níger fractura África Occidental”] y que una intervención militar podría convertirse en un conflicto regional. La aparición de este bloque de tres países del Sahel, en los que llegaron al poder una junta militar que tomó en los tres casos el poder tras un golpe de estado, obliga a la Unión Europea a replantearse su estrategia para la región. De momento, ya se ha visto la puesta en marcha de una estrategia para el arco de países formado por Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benín, todos ellos países ribereños del Golfo de Guinea, que están sintiendo la presión del empuje de las fuerzas yihadistas desde la triple frontera Mali-Níger-Burkina Faso hacia el sur. El realineamiento de alianzas y prioridades en la política exterior quedó también reflejado en la identidad de los embajadores recibidos por el primer ministro del gobierno de facto de Níger, Ali Mahamane Lamine Zeine, que recibió a los representantes de India, Pakistán, Turquía y Mali. Hasta ahora hemos visto que el líder de la junta militar de Níger, el general Chiani, ha sido muy selectivo con los mandatarios y diplomáticos que ha recibido. Así que podemos suponer que el primer ministro también ha mandado un mensaje con la nacionalidad de los diplomáticos que ha recibido en audiencia. Por último, el pasado día 24 el presidente francés Emmanuel Macron anunció la retirada de las tropas francesas de Níger y la salida del embajador francés del país. Este último finalmente abandonó Níger durante el día 27 de septiembre.

Pérdidas significativas de las fuerzas armadas de Mali en un contexto de guerra abierta en el norte del país

Anteriormente, en «¿Los primeros pasos del próximo conflicto en el norte de Mali?«, vimos que la retirada de los cascos azules de la fuerza multinacional MINUSMA, garante de la paz entre el gobierno y los separatistas tuareg, creaba un vacío de poder. Tanto los militares del ejército maliense como los grupos armados tuareg intentaban tomar las bases abandonadas por la MINUSMA y se produjeron los primeros enfrentamientos armados. Desde entonces hemos visto en Mali el asalto a campamentos militares por parte de fuerzas tuareg y grupos yihadistas, con la captura de material del ejército, además de la pérdida de varios aparatos de la fuerza aérea: un Sujoi Su-25, dos Aero L-39C y un Mil Mi-8T. El primer aparato perdido este mes por la fuerza aérea de Mali fue un helicóptero de transporte Mil Mi-8T. La confirmación llegó a través de un comunicado del Frente de Apoyo al Islam y los Musulmanes, la franquicia saheliana de Al Qaeda más conocida por las siglas de su nombre en árabe (JNIM). El comunicado mencionaba combates el 8 de septiembre entre Tountouroubala y Gawantou, en la región de Segú. A pesar de su estado, el color característico del aparato permitió identificarlo como el helicóptero Mi-8T matrícula TZ-99H que fue presentado al público en agosto de 2022 en Bamako. El 9 de septiembre se produjo la pérdida del avión de combate Sujoi Su-25. Se trata del segundo aparato de este tipo recibido por Mali procedente de Rusia. El primero, con matrícula TZ-20C, se perdió en un accidente el 20 de octubre de 2022 en la aproximación al aeropuerto de Gao, provocando el cierre del aeropuerto y el desvío del tráfico aéreo.   El impacto del avión contra el suelo mató a un militar e hirió a otros ocho militares y un civil, según informó entonces el portal de noticias defenceWeb. El avión había sido presentado en una ceremonia el 9 de agosto de 2022 junto con cuatro entrenadores Aero L-39C, un helicóptero Mil Mi-24P y un helicóptero de transporte Mil Mi-8T. Posteriormente, la fuerza aérea de Mali recibió un segundo Sujoi Su-25, que recibió la matrícula TZ-25C y fue presentado al público el 19 de enero de 2023. Hicimos un repaso de las aeronaves militares recibidas por Mali desde Rusia en «Un nuevo socio estratégico: la fuerza aérea de Mali y el material recibido de Rusia«. El segundo Su-25 perdido se estrelló cerca camino de Gao, a la vuelta de una misión de ataque a tierra contra fuerzas tuareg de la Coordinadora de Movimientos de Azawad en Almoustrate el día 10 de septiembre. Según los rebeldes, el avión fue derribado. Mientras que la versión de las autoridades malienses es que el avión se perdió por causas técnicas y mal tiempo. Aparentemente, el piloto del Su-25 estrellado fue capaz de emplear el asiento eyectable y salvar la vida. Entre los restos del aparato se encontró el asiento, sin que hubiera noticias de que el piloto hubiera caído prisionero o fuera encontrado muerto. Se da la circunstancia de que ninguno de los dos Sujoi Su-25 recibidos por Mali ha cumplido un año de servicio en la fuerza aérea del país. Lo que podría validar los rumores de que existía quejas en Mali por el estado y operatividad del material recibido de Rusia. En un vídeo grabado por un civil maliense de los restos del aparato se oye el comentario “este neumático es demasiado viejo”, en referencia a una de las ruedas del tren de aterrizaje. La confirmación de la pérdida de un segundo avión militar llegó el día 17 de septiembre mientras el ejército y los rebeldes tuareg combatían en la localidad de Léré. El cráter en el suelo hace pensar en una pérdida de control y caída en picado a gran velocidad. Sin embargo, el estado de los restos no permite identificar el aparato. Posiblemente se trate de un Aero L-39C, el único modelo de avión de combate a reacción que queda en servicio en Mali. Finalmente, las noticias de una nueva aeronave perdida por la fuerza aérea de Mali llegaron el día 17. Las imágenes mostraban un Aero L-39C con matrícula TZ-14C tras realizar un aterrizaje de emergencia que había provocado considerables daños al ala izquierda. Sin embargo, parece que el piloto pudo sobrevivió al aterrizaje y habría caído prisionero. El TZ-14C fue uno de los aparatos presentados al público en agosto de 2022 y parece que participaba en las operaciones militares en Léré. El balance provisional es de tres aviones y un helicóptero en el transcurso de diez días de operaciones militares de las fuerzas armadas de Mali en el centro y el norte del país. Es difícil discernir en cada caso si se trató de un mero accidente por problemas del estado del material o la falta de formación adecuada del personal, o se trató de derribos logrados por las fuerzas separatistas y yihadistas. En cualquier caso esta tasa de pérdidas de aeronaves no es sostenible y genera serias dudas sobre el estado del material y la formación de las tripulaciones. Recordemos que estos cuatro aparatos no son los primeros que Mali pierde este año. El 22 de abril se perdió en accidente, en el que fallecieron sus tres tripulantes, un helicóptero de ataque Mil Mi-24D. Véase «Accidente de helicóptero de combate de la fuerza aérea de Mali». Asistimos ya a escenas de guerra abierta en el norte de Mali que se suman a los ataques yihadistas en el centro del país, de los que habrá que hablar en otra ocasión. Y en esos enfrentamientos llama la atención la pérdida de material militar, como los vehículos a prueba de minas NORINCO VP11, que llegaron este año a Mali. La pérdida del material más avanzado y más moderno tiene que sentirse en un país con recursos limitados y enfrentado a desafíos tan importantes.

¿Los primeros pasos del próximo conflicto en el norte de Mali?

Mientras la atención de la comunidad internacional está en la crisis de Níger, que en OSINT Sahel hemos seguido casi día a día en Twitter y con varios artículos en nuestra página web, otra crisis se avecina en la vecina Mali. Antecedentes. La paz en el norte del país y las fuerzas rebeldes del norte del país fue firmada en Argel en 2015. Una de las garantías de aquel acuerdo de paz fue el despliegue en el norte del país de los cascos azules de Naciones Unidas de la MINUSMA (Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Mali). Para los grupos rebeldes la presencia de una fuerza de paz multinacional era garantía de que se respetara el acuerdo y se respetaran los derechos humanos de la población maliense. Sin embargo, desde la ruptura de los acuerdos militares de Mali y Francia, que colocó a Rusia como principal aliado de la junta militar, se han sucedido acciones armadas de las fuerzas gubernamentales y sus aliados rusos que se han saldado con un considerable número de víctimas civiles. El caso más grave es la llamada Masacre de Moura, que mereció una investigación de Naciones Unidas. El pasado 16 de junio de 2023 el representante especial del secretario general de Naciones Unidas y jefe de la MINUSMA presentó ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas un informe donde en su página 6 se señalaba como responsable de la masacre de Moura a “tropas de las fuerzas armadas malienses y de personal de seguridad extranjero”.  El contenido del informe ya era conocido y el ministro de Asuntos Exteriores de la junta militar de Mali respondió solicitando la retirada de MINUSMA “sin retraso”, en lo que era el choque definitivo tras un deterioro de relaciones entre la junta militar y MINUSMA prolongado en el tiempo. Finalmente, Naciones Unidas decidió no prolongar la presencia de MINUSMA en Mali, poniendo fin así a la misión de los cascos azules en el país. [Véase anteriormente en OSINT Sahel: “Mali pide la salida de la fuerza internacional MINUSMA del país «sin retraso»”]. Para los grupos rebeldes del norte de Mali encuadrados en el Marco Estratégico Permanente por la Paz, la Seguridad y el Desarrollo (CSP-PSD por sus siglas en francés) la salida de MINUSMA era un hecho preocupante por la salida de observadores neutrales del país, además de que los cascos azules servían sobre el terreno de garantes del acuerdo de paz de 2015. También los grupos que formaban el CSP-PSD habían mostrado su rechazo a la reforma constitucional aprobada en el referéndum del 18 de junio de 2023 que dio paso en Mali a la IVª República con un marcado carácter presidencialista. [Véase anteriormente en OSINT Sahel “Grupos del norte de Mali contrarios a la salida de MINUSMA”]. Tras estos desencuentros, lo que asistimos es a episodios de violencia en el norte de Mali que enfrentan a la junta con los grupos rebeldes tuareg. La salida de MINUSMA abre una nueva ola de violencia. El pasado día 11 de agosto, dentro del repliegue escalonado de las fuerzas de MINUSMA, los cascos azules desalojaron su base de Ber (en la región de Tombuctú), que fue ocupada por el ejército de Mali. La base había albergado un contingente de cascos azules de Burkina Faso de 200 militares. El plan de Naciones Unidas era replegar en una primera fase antes del fin de agosto de 2023 las fuerzas de los campamentos de Ogossagou, Ber, Goundam y Ménaka.   Para las autoridades de Mali tomar control de la base de Ber suponía recuperar la presencia en aquel territorio después de diez años. Ya sin la presencia de cascos azules, se procedió a hacer efectiva la presencia del Estado maliense y desalojar a los grupos rebeldes. Según las fuerzas armadas de Mali, los días 11, 12 y 13 de agosto tuvieron lugar incidentes armados con grupos rebeldes en los que hubo tiroteos y se emplearon artefactos explosivos improvisados. Durante los siguientes días se difundieron vídeos de militares malienses izando la bandera tricolor en edificios, retirando banderas rebeldes y paseando entre la población local. Uno de los vídeos difundidos mostraba a un ciudadano europeo, posiblemente de origen ruso, en una escena donde se quemaba la bandera del Movimiento Árabe de Azawad. Precisamente ese grupo había abandonado el 1 de agosto el CSP-PSD en un contexto de reproches y acusaciones entre los grupos rebeldes del norte de Mali. Los últimos incidentes en el norte de Mali han implicado a la fuerza aérea de Mali, tal como confirman los vídeos que muestran el sobrevuelo de un Aero L-39. Se trata de un aparato que formó parte de las transferencias de material militar procedente de la fuerza aérea de Rusia que ha recibido Mali. [Véase anteriormente en OSINT Sahel “Un nuevo socio estratégico: la fuerza aérea de Mali y el material recibido de Rusia.”]. Según las fuerzas armadas malienses los ataques aéreos tuvieron como objetivo a “grupos armados terroristas”. Según las fuentes locales del norte de Mali, los ataques habrían tenido como víctimas a civiles y sus rebaños, repitiéndose una dinámica habitual de versiones encontradas y contradictorias. La ruptura de la unidad entre los grupos rebeldes hasta ahora encuadrados en el Marco Estratégico Permanente por la Paz, la Seguridad y el Desarrollo y la retirada de los cascos azules del norte de Mali pueden verse como una oportunidad por parte de las autoridades de Mali de recuperar la presencia del Estado en el norte del país con métodos expeditivos ante la falta de testigos internacionales. La sucesión de incidentes violentos, con víctimas locales, pueden estar creando las bases para una nueva ola de violencia. La experiencia en Mali de los métodos de la junta militar en su lucha contra el yihadismo nos puede servir de referente de la sucesión de incidentes con numerosas víctimas civiles y del atropello de los derechos humanos que nos espera.

La caballería ligera yihadista: el creciente empleo de motos en los conflictos del Sahel

El 8 de Julio de 2023 vimos como terroristas en Burkina Faso cortaban una carretera y asaltaban con un enjambre de motocicletas un convoy escoltado. Docenas de motocicletas culebrean entre los camiones. En el vídeo podemos ver un intercambio de fuego, binomios con lanzagranadas tipo RPG y ametralladoras en soportes traseros de las motos. Este económico y versátil vehículo civil se ha vuelto tan importante que se han detectado la conexión de los dos mayores grupos terroristas en el Sahel, las franquicias locales de Al Qaeda y el Estado Islámico, con redes ilícitas de contrabando de este tipo de motocicletas. Pueden pasar desapercibidas en contenedores, entre piezas de repuesto o similar. Aunque el método de ocultación más sencillo es el soborno. El 17 de mayo de 2023, la propaganda del Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS, en sus siglas en inglés) difundió una serie de imágenes donde mostraba su control en la ciudad de Tindermène, en la región de Gao (Mali). La ubicacion que aparece en las imáenes estuvo anteriormente bajo el control del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), la rama de Al Qaeda en Malí. En las imágenes se pueden observar yihadistas montados por parejas en motocicletas acompañando a los vehículos Toyotas. El uso de motocicletas es extendido por parte de los grupos insurgentes como vehículo de reconocimiento y para acciones de hostigamiento, además de servir para ocultar IED. El uso de esta “caballería ligera yihadista” es una práctica consolidada en las guerras del Sahel. Las fuerzas de seguridad del G5 (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger) desde hace años contabiliza un porcentaje alto de motocicletas en las incautaciones que llevan a cabo en operaciones contra los grupos terroristas. El mercado africano de motos está dominado por las clásicas marcas niponas. Sin embargo, las marcas de económicas motocicletas chinas se han abierto paso. Hablamos de fabricantes como Lifan o Jialing. En este tipo de motos la cilindrada más común es de 125cc. Se trata de vehículos que pueden alcanzar los 120 km por hora, o incluso algo más, en carreteras bien asfaltadas. Mientras que proporcionan gran versatilidad al alcanzar unos 80 km/hora campo a través. Este método de transporte económico, común, discreto y versátil también se ha visto en Níger. Las motocicletas todo terreno han sido también usadas por las fuerzas especiales de Estonia desplegadas en el Sahel. Mientras que los militares los francese han aparecido acarreando motos chinas Haouje de similares características. La militarización más común que se ha observado sería dos yihadistas con variantes de fusiles AK chinos de NORINCO y RPG. También se pudo ver en ataques del Estado Islámico en Pétél Kolé, en la frontera entre Níger y Burkina Faso, la ametralladora pesada china W85 toscamente montada en la parte trasera de la moto. Un ingenio que también vimos como uso antiaéreo en la guerra de Siria. El ejército nigeriano cuenta con compañías de motocicletas en unidades de reconocimiento, empleando diversas variantes. Por ejemplo, motos con una ametralladora en soporte elevado y faldón protector delantero para el conductor. Y también motos con baterías placas solares y acumuladores para las comunicaciones.

Concluyen cursos de formación militar en Mali con participación de alumnos de Burkina Faso e instructores de Rusia

El pasado día 26 de junio en el Centro de Formación de Sénou tuvo lugar la ceremonia final de varios cursos de formación militar que nos han permitido conocer unidades destacadas de las fuerzas armadas de Mali, la cooperación con Burkina Faso y el papel de Rusia en Mali. En primer lugar 98 militares malienses, incluyendo 15 mujeres, concluyeron el curso de Fusilero Comando (FUSCO). Esa denominación, existente en el Ejército del Aire francés, denomina al personal encargado de la “protección y defensa de las instalaciones aeronáuticas”. De hecho, la formación de la primera compañía de Fusileros Comandos de la Fuerza Aérea de Mali concluyó el 21 de mayo de 2021. En aquel entonces, 170 militares malienses concluyeron el curso que contó con la participación de instructores europeos pertenecientes a la fuerza europea EUTM Mali. Además, 30 militares se instruyeron en el curso de Guía Aérea Táctica Avanzada (Guidage Aérien Tactique Avancé), de los que 15 serían de la vecina Burkina Faso. Este curso habilitaría a los militares en los procedimientos para “planificar y coordinar los ataques de aviones contra objetivos enemigos”. Igualmente, este curso también fue impartido en su día por la fuerza EUTM Mali. En aquel entonces, se trataba de un curso de 17 semanas dividido en dos fases. En la primera, los militares estudiaban la lectura de mapas, los procedimientos de radio y el empleo de GPS y prismáticos. En la segunda fase de carácter práctico, los militares ocupaban puestos de observación para localizar objetivos que debían identificar para así guiar al piloto hacia ellas. Estas funciones se conocen también en el contexto OTAN como Controlador Aéreo Avanzado (Forward Air Controller), tal como aparece en el siguiente vídeo de EUTM Mali de 2017. Por último, 50 reclutas del Servicio Nacional de Jóvenes concluyeron el curso de la Sección de Zapadores de Combate (Section Génie Combat). El Servicio Nacional de Jóvenes es el servicio militar relanzado en Mali en 2016 y que la actual junta militar ha querido potenciar. En marcado contraste con aquellos cursos, estas nuevas ediciones del curso de formación de los Fusileros Comando contaron, según la Fuerza Aérea de Mali, con la participación de instructores rusos. Esto es un evidente reflejo del cambio de las alianzas de la junta de Mali. Tal, como vimos anteriormente en OSINT Sahel, la Fuerza Aérea de Mali ha recibido varios modelos de aeronaves de Rusia, tanto aviones como helicópteros. Esa rápida expansión de la flota de aeronaves explica que Mali requiera asistencia de Rusia para operar los aparatos. La muerte de un ciudadano ruso que formaba parte de la tripulación de un Mil Mi-24D accidentado lo prueba. También es destacable la participación de militares de Burkina Faso, un país gobernado por una junta militar aliada de Mali y azotado también por la violencia yihadista que también emplea aeronaves de origen ruso. Recientemente las fuerzas armadas de ambos países realizaban operaciones terrestres y aéreas en la frontera común. Por tanto, la formación recibida por los militares de ambos países para planificar y coordinar operaciones de apoyo áerea cercano por parte de aeronaves de combate será de aplicación práctica inmediata.

Grupos del norte de Mali contrarios a la salida de MINUSMA

El pasado día 21 de junio contamos cómo el jefe de la MINUSMA había presentado su informe sobre Mali ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El mandato de la fuerza multinacional MINUSMA acaba oficialmente el próximo 30 de junio, por lo que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha de tomar una decisión sobre su renovación. En el informe presentado en la sede de Naciones Unidas se hacía mención expresa de la matanza de civiles sucedida en Moura en marzo de 2022 y se mencionaba expresamente que había sido obra del ejército maliense y sus aliados de un país extranjero. La respuesta del ministro de Asuntos Exteriores de Mali, Abdoulaye Diop, fue manifestar el malestar del gobierno de Mali con la MINUSMA y pedir su salida “sin retraso” (“sans délai”) del país. La “crisis de confianza” entre el gobierno de Mali y la MINUSMA que el ministro Diop mencionó en su discurso en Naciones Unidas no es producto únicamente del malestar maliense por la acusación vertida en el informe. Se trata de un proceso de deterioro de relaciones prolongado en el tiempo. Por un lado, tenemos la naturaleza no democrática del gobierno de Bamako, que ha puesto a la comunidad internacional ante el dilema de cooperar y por tanto legitimar una junta militar. Y por otro lado tenemos la percepción maliense de que una década después del despliegue de fuerzas internacionales en el país la violencia yihadista no sólo se ha cronificado sino que se ha intensificado y expandido. La actual situación abre la posibilidad de varios escenarios. Podría suceder que la MINUSMA se retire de Mali, dejando un peligroso precedente de que una fuerza de paz de Naciones Unidas sea obligada a abandonar un país donde se han estado produciendo matanzas de civiles. También es posible que Naciones Unidas apruebe una extensión del mandato de la MINUSMA, lo que supondría un abierto desafío a la junta militar, que pasaría a ser tratada como un mero gobierno de facto. En cualquier caso, habrá que estar pendiente del papel que juegue Rusia, ya que es un país aliado clave de la junta militar de Mali (véase anteriormente en OSINT Sahel un repaso a las aeronaves militares entregadas por Rusia a Mali), ya que recordemos que Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto. La crisis abierta entre Mali y la MINUSMA no sólo tendría repercusiones sobre el terreno porque supondría eliminar una molesta presencia de testigos internacionales, que ya han puesto en entredicho los métodos empleados por el ejército de Mali en su guerra contra las insurgencias yihadistas, sino que pone en entredichos ciertos consensos sobre los que se construyó la paz entre el gobierno y los rebeldes separatistas tuareg del norte del país. Esos grupos separatistas, encuadrados en el Marco Estratégico Permanente por la Paz, la Seguridad y el Desarrollo (CSP-PSD por sus siglas en francés), ya habían mostrado su rechazo al referéndum constitucional celebrado el domingo 18 de junio en Mali, contra el que habían promovido un boicot y en torno al cual habían denunciado fraude. Lo consideran contrario al Acuerdo de Argel de 2015 que puso fin a las hostilidades contra el gobierno. La petición a Naciones Unidas que la fuerza MINUSMA abandone el país ha dejado al CSP-PSD “consternado”, según se dice en el comunicado publicado el 21 de junio, donde se menciona la preocupación por el impacto que tendría la marcha de los cascos azules para la población afectada por “el terrorismo y el subdesarrollo”. Y donde se dice que la marcha de la MINUSMA sería un “golpe fatal” para el Acuerdo de Argel de 2015.

Mali pide la salida de la fuerza internacional MINUSMA del país «sin retraso».

El pasado viernes 16 de junio El-Ghassim Wane, representante especial del Secretario General de Naciones Unidas y jefe de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Mali (MINUSMA) compareció ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para presentar su informe sobre la situación del país. Dicha comparecencia fue respondida por el ministro de Asuntos Exteriores de Mali, Abdoulaye Diop, quien declaró que la MINUSMA “no ha sido capaz de proveer respuestas adecuadas a la situación de seguridad de Mali” y “parece haberse convertido en parte del problema por alimentar las tensiones comunitarias”. El asunto de fondo, al que el ministro Diop se refirió como “acusaciones de extrema gravedad y que son muy perjudiciales para la paz, la reconciliación y la cohesión nacional» es la Masacre de Moura. En esa localidad de la región de Mopti varios cientos de civiles fueron asesinados entre el 27 y el 31 de marzo de 2022. Pocas semanas después la organización Human Rights Watch informó que en Moura murieron 300 personas en lo que calificó como la “peor atrocidad de la que se ha informado en Mali en una década de conflicto”. La misma organización afirmó entonces haber recogido el testimonio de numerosos testigos locales que culpan a de la masacre a las fuerzas gubernamentales y a otra compuesta por personal no africano y que no hablaba francés, lo que apuntaría a ciudadanos rusos. La mayoría de las víctimas fueron identificadas como pertenecientes a la etnia fulani (también conocida como peul), tradicionalmente nómada y pastoril. El reciente informe del jefe de la MINUSMA señala en su página 6 como responsable de la masacre de Moura a “tropas de las fuerzas armadas malienses y de personal de seguridad extranjero”. Según el ministro Diop, la acusación de Naciones Unidas, que apunta directamente a las fuerzas gubernamentales, “está generando un sentimiento de desconfianza de la población maliense hacia MINUSMA y una crisis de confianza entre las autoridades de Mali y MINUSMA”. Así que a continuación solicitó el retiro de la fuerza internacional del país “sin retraso”. La reacción de las autoridades malienses al informe de Naciones Unidas ha incluido acciones judiciales contra los miembros de la comisión investigadora, a los que se les acusa de delitos como “espionaje”, de “dañar la moral de los ejércitos de tierra o del aire” y de “dañar la seguridad exterior del Estado”. El comunicado del fiscal general menciona expresamente que los delitos tienen vinculación con la investigación de lo sucedido en Moura. Por un lado, la solicitud de retirada de la fuerza multinacional MINUSMA es el reflejo de la percepción extendida en Mali de la escasa efectividad de las fuerzas externas para lograr la paz en el país, donde la violencia yihadista no sólo se ha cronificado, sino también extendido a otros países de la región. El fenómeno refleja las limitaciones de los “cascos azules” de Naciones Unidas para pacificar un territorio, pero también de lo complicado que ha resultado luchar contra insurgencias yihadistas en todo el mundo desde el 11-S. No se puede decir que el balance sea brillante y positivo. Véase al respecto: «La intervención europea en el Sahel: lecciones a desaprender«. Por otro lado, hay que recordar que MINUSMA nació en el contexto del vacío de poder generado en Mali por la rebelión tuareg en el norte del país, que precedió a la toma posterior del poder por parte de los yihadistas. Así que la presencia de MINUSMA en el país era una garantía para los habitantes del norte. Precisamente, la región norte del país es la que menos participó en el referéndum constitucional del pasado domingo 18 de junio. Así que se puede extender la idea en el norte de Mali que la salida de la fuerza MINUSMA rompe los consensos sobre los que se construyó la convivencia pacífica con Bamako. La falta de una fuerza internacional en Mali sólo podrá hacer más recurrentes las masacres como la vivida en Moura.

Irán emplea Mali y Burkina Faso como tapadera para adquirir aviones Airbus A340.

Recientemente vimos la existencia de distintas noticias e indicios de que, ante la existencia de sanciones económicas de Occidente, Rusia podría estar usando Mali y países de la región como puerta trasera para realizar operaciones comerciales con terceros. Existe otro país, sometido también a sanciones internacionales que estaría usando Mali para evadirlas: Mali. El pasado 30 de mayo, Babak Taghavaee, un conocido especialista en temas aeronáuticos que colabora con medios internacionales, anunció haber tenido noticias de que dos aparatos Airbus A340-212 habrían volado desde el aeropuerto de Kertajati, en la isla indonesia de Java Occidental, a Irán. Se trataba de dos aparatos con matrícula de Mali TZ-DTA y TZ-DTC. Según Babak Taghavaee, los dos aparatos tenían previsto volar desde Indonesia y Mali, pero durante el trayecto se habrían desviado al aeropuerto de Chabahar, en el suroeste de Irán. En el traslado de los aparatos habrían participado Mahdi Maghfouri, antiguo general del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y ahora directivo en la aerolínea iraní Mahan Air. Curiosamente, los dos Airbus A340 almacenados en Indonesia habían pertenecido entre 2006 y 2020 a la fuerza aérea de Francia, destinados en el Escuadrón de Transporte 3/60 “Esterel” con base en Creil-Senlis. Al parecer los aparatos rara vez realizaron misiones de transporte de personalidades y se dedicaron fundamentalmente a transportar militares franceses en despliegues internacionales. Ambos aparatos llegaron a ostentar las matrículas civiles francesas F-HFDD y F-HLMG. Matrícula francesa Modelo Nº de construcción F-HFDD Airbus A340-212 75 F-HLMG Airbus A340-212 81 Los aviones fueron adquiridos por la empresa francesa LMO Aero y fueron trasladados desde Francia a Indonesia en abril y mayo de 2022. Al tiempo de su estancia en Indonesia los aparatos fueron pintados de color blanco. No se trataría de la primera vez que Irán empleas países africanos como intermediarios para adquirir aviones. El blog “Feit of fake” informaba de los extraños movimientos de cuatro Airbus A340-300 que habían despegado el 23 de diciembre de 2022 desde Johannesburgo rumbo a Uzbekistán, pero una vez en el espacio aéreo de Irán, los cuatro aparatos aterrizaron en Teherán. El día antes de su vuelo, los cuatro aparatos aparecían registrados en Guernsey, una dependencia británica en el Canal de la Mancha. El día de su partida el registro cambió a Burkina Faso, empleando las matrículas civiles de Burkina Faso XT-AKA, XT-AXB, XT-AKK y XT-ALM, aunque no queda claro la asignación a cuáles aparatos.   Según “Feit of fake”, los cuatro aparatos habían servido previamente en Turquía y, tras ser vendidos por la empresa Avro Global de Hong Kong a Africa Charter Airline, habrían terminado en manos iraníes. Matrícula turca Modelo Nº de construcción TC-JDM Airbus A340-311 115 TC-JDN Airbus A340-313X 180 TC-JIH Airbus A340-313X 270 TC-JII Airbus A340-313X 311 Según Babak Taghvaee, los pilotos de los cuatro aparatos habrían declarado emergencia para aterrizar en Irán, lo cual habría merecido un comentario de la Organización de la Aviación Civil Internacional en Twitter. La utilización de matrículas y empresas de países africanos no significa necesariamente que Irán haya establecido una infraestructura compleja en el continente para realizar estas operaciones, pero reflejaría el interés del régimen de Teherán por las posibilidades que abren los países del Sahel como atajo para evadir las sanciones internacionales. Los precedentes de las operaciones rusas y la reciente visita del ministro de Defensa de Mali a Irán abren la puerta a todo un abanico de posibilidades.

Nuevos blindados chinos llegan a Mali.

Las fuerzas armadas de Mali (FAMa) están viviendo un proceso de rearme, obteniendo nuevas capacidades con la expansión de su flota de aeronaves y vehículos blindados, tal como vimos anteriormente en OSINT Sahel. Así, en el mes de marzo llegó un convoy logístico a Bamako con material militar chino, que fue presentado en una ceremonia semanas después. También repasamos la recepción de distintas aeronaves militares procedentes de Rusia y drones Bayraktar TB2 de origen turco. Esto supone que Mali está reforzando sus fuerzas armadas con materiales procedentes de nuevos socios estratégicos ajenos a Occidente. 🇲🇱 🇨🇳 | Large convoy of at least 70 trucks conveying new vehicles being delivered to the Malian Army, the vehicles include WZ-551 and VP11 MRAP’s. pic.twitter.com/Q7lLZTvu4m — Jake (@Jakepor21) June 3, 2023   En este orden de cosas, un nuevo convoy logístico formado por 70 camiones procedente del puerto de Conakry llegó a Mali a finales del mes de mayo. El convoy transportaba nuevos materiales militares de origen chino con destino a las fuerzas armadas de Mali. Possible delivery of armored vehicles of Chinese origin to the Malian army. VP11 and CS/VP11 Lynx have been seen and WZ-551 have also appeared. pic.twitter.com/rqtNYsClnH — Al4sko Diallo (@Alasko73) May 31, 2023 Entre los nuevos materiales se aprecian los vehículos a prueba de minas de la familia NORINCO VP11 y los vehículos ligeros 4×4 CS/VP11 Lynx. Ambos modelos de vehículos fueron recibidos en el anterior gran convoy logístico con material chino que llegó a Mali en marzo.  La novedad esta vez fue la presencia de vehículos de transporte de tropa 6×6 modelo WZ-551. Se trata de un blindado sencillo muy presente en numerosas fuerzas armadas de África, como Camerún, Sudán, Sudán del Sur, Guinea Ecuatorial, etc. Y que ya hemos visto en conflictos armados del Sahel. Norinco WZ551. An MRAP is supposed to protect the crew even if the vehicle is sacrificed. Most of the damage here seems to be on the inside, in the crew compartment, which is not the outcome you want. pic.twitter.com/NDDrfmtFcC — DC, Last Legion, Infinity Redux (@DerektheCleric) April 12, 2023 Precisamente, la vulnerabilidad ante minas terrestres y artefactos explosivos señalada en el tuit anterior fue aminorada en una versión evolucionada del blindado WZ-551 llamada VN2C que también Mali ha incorporado a sus fuerzas armadas. Los nuevos vehículos fueron presentados junto con otros de diverso origen en una ceremonia celebrada en el campamento militar de Kati el 3 de diciembre de 2021. La cooperación militar china con Mali no sólo tiene lugar a través de la venta de material militar en un momento histórico de malas relaciones con Francia, principal potencia garante de la seguridad del país hasta hace poco, sino que China está presente en Mali a través de un contingente de cascos azules integrados en la fuerza multinacional MINUSMA. Ese contingente lo forma una compañía de zapadores, un hospital role 2 y una unidad de protección de la fuerza. Le 10e lot de troupes chinoises de maintien de la paix au détachement d’infanterie de défense du Mali a reçu de nouveaux véhicules anti-mines embuscade. C’est la première fois que cet équipement est installé dans une force chinoise de maintien de la paix à l’étranger. pic.twitter.com/n4RN6CDZtB — Ambassade de Chine en France (@AmbassadeChine) January 30, 2023 Ese contingente chino integrado en MINUSMA emplea varios modelos de vehículos blindados chino, lo que habrá servido para una primera toma de contacto de los militares malienses con el material militar de origen chino. De hecho, el contingente chino en MINUSMA emplea blindados 6×6 modelo WZ-551 como los que acaba de recibir el ejército de Mali. La suma de material blindado y aeronaves procedentes de China y Rusia respectivamente han convertido a las Fuerzas Armadas de Mali en las mejores dotadas ahora mismo entre el grupo de cinco países sahelianos (G-5). No obstante, queda pendiente comprobar si ante este enorme crecimiento de materiales de nueva incorporación es acompañado de los niveles de formación y personal adecuados, además de los presupuestos que requiere el mantenimiento y la operación de equipos complejos como son los aviones de combate, helicópteros y drones. La solución más fácil a corto plazo podría ser que Mali aumentara su dependencia de sus nuevos socios estratégicos y contara con personal procedente

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