Inseguridad y sin signos de deriva democrática en Mali

El pasado 12 de diciembre los últimos 142 soldados alemanes pertenecientes a la MINUSMA (Misión Multidimensional Integrada de las Naciones Unidas en Mali) dejaban Gao en dos aviones de transporte A400M para regresar a casa vía Dakar. Esta retirada fue otro paso definitivo en el cierre total de la misión este 31 de diciembre, fecha clave desde la cual la Junta Militar tiene un motivo de presión más para presentar éxitos en su lucha contra el terrorismo. El leitmotiv de los golpes de estado y la consecuente toma de poder de las juntas militares en Mali, Burkina Faso y Níger era la incapacidad de los gobiernos que derrocaron para terminar con la inseguridad. Siguiendo esta línea dentro de la arena política el ministro de Exteriores, Abdoulaye Diop, continúa acusando a Francia de promover el espionaje y terrorismo, al mismo tiempo que abraza una cooperación más profunda con China. El gobierno de Mail si ha podido celebrar la toma de posesión del nuevo Gobernador de Kidal, Gal Alhaj Gamou el 13 de diciembre, un mes después de que fuera tomada por las Fuerzas Armadas Malienses (FAMa). Sin duda con enrome poder simbólico por ser este el importante bastión tuareg. A pesar de ello, de considerar la celebración efímeramente, porque mientras la presencia de la nueva administración fomenta la idea del restablecimiento del control de la soberanía, los atentados continúan. Siendo este el caso del reciente atentado yihadista en el centro del país, que deja en evidencia que el convoy militar que durante semanas recorrió Mali, aunque controló posiciones, nunca llego a consolidar el terreno. El 12 de diciembre, día anterior a las celebraciones en Kidal, el Grupo de Apoyo para el Islam y los Musulmanes (JNIM) rama de Al-Qaeda en Mali atacó la localidad de Farabougou en el centro del país. Murieron cerca de 40 militares y miembros de la comunidad dogon, aliados de las fuerzas de seguridad. Los yihadistas atacaron a los cazadores dozo, miembros de esta comunidad que pueden actuar como una milicia progubernamental. Las fuerzas de seguridad lanzaron un comunicado explicando el logro de las acciones que repelieron el ataque. Este ataque fue otro ejemplo más de la situación de inseguridad. Médicos sin Fronteras España lanzó dos días después una alerta sobre el recrudecimiento de la violencia en el centro y el norte del país. Sus cooperantes explican que el aislamiento que produce la violencia en zonas como Tombuctú ha provocado que haya personas que lleven siete años sin ver a un médico. La junta golpista ya anunció en septiembre un retraso en las elecciones fijadas para el 4 y 18 de febrero de 2024 alegando dificultades por razones técnicas. En concreto, que los censos de 2023 no están actualizados. Las bases de datos del censo de 2018 están en poder de una empresa francesa, IDEMIA, que firmó un contrato con el gobierno maliense antes de los golpes de estado de 2020, 2021 y le niegan el acceso a la junta militar actual. Esto implica que no se pueden ni modificar, ni añadir nuevos censados. Hasta la fecha no hay anunciada una nueva actualización. Los únicos acercamientos de Mali en sus relaciones exteriores aparte de con la tríada golpista, se han producido con Rusia, China e Irán, mientras se han producido contactos con la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental). Esta última fue quien solicito a Mali unas elecciones en febrero. Ahora la CEDEAO se ha mostrado abierta a conversar con los militares y se ha propuesto un comité con los presidentes de Togo, Sierra Leona y Benín como interlocutor con las tres juntas de Mali, Níger y Burkina Faso. La reunión sitúa a ambas partes en una aparente normalidad, pero desde pasos anteriores, donde la CEDEAO ya expresó su consternación frente al unilateralismo de la junta en los acuerdos de transición. A este respecto a mediados de diciembre el delegado maliense para la CEDEAO se expresa positivo respecto a la reanudación de las relaciones. El pasado 25 de enero el Gobierno de transición de Malí ha roto el Acuerdo de Argel que supone el fin de los acuerdos de paz con los grupos separatistas firmado en 2015. Los ataques yijadista han tenido una presencia activa el 18 y 20 de enero en el centro y sur del país, beneficiándose de que los esfuerzos de las FAMA (Fuerzas Armadas Malienses) se han centrado estos meses en un convoy militar para liberal Kidal. Cerramos 2023 con la salida de la MINUSMA, la ruptura del tratado de Argel, sin el control total de la soberanía, con peores condiciones de seguridad, sin fechas para unas elecciones e inquietudes de la CEDEAO por la transición acordada. Rusia aportando apoyo militar y China como aliado comercial. Todo indica que tardaremos mucho en ver unas elecciones democráticas en Mali.

La violencia rompe el tratado de paz en Mali, inicio de una guerra civil.

No cesan los enfrentamientos en el Norte de Mali, sin declaraciones oficiales de guerra, se rompe la Paz de Argel, tratado que fue firmado en 2015 por el gobierno maliense y los grupos secesionistas no yihadistas representados por la Coordinadora de Movimientos de Azawad (CMA), coalición que incluye al Alto Consejo para la Unidad de Azawad (ACUA), al Movimiento Árabe de Azawad (MAA) y al Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA). Este acuerdo de paz se vio debilitado tras el golpe de estado de la nueva junta militar en 2020. A pesar de estar llevándose a cabo la decisión formal de la salida del país de la MINUSMA aún se siguen enfrentando los convoyes con artefactos explosivos para atentar en durante sus rutas a las fuerzas de mantenimiento de la paz. Desde mediados de 2022 la crisis de seguridad no ha hecho más que incrementarse. En el mes de agosto se han sucedió una serie de hostigamientos centrados en tomar bases, ciudades y campamentos militares. Los grupos yihadistas y los rebeldes tuareg han aprovechado la salida de las tropas francesas y el relevo de las bases de las MINUSMA al ejército maliense para emboscar e intentar tomar el mayor número de campamentos posibles. Al igual que ocurrió en Mali, Francia continua con su salida de la región y las salidas de Níger ya se están sucediendo. El 7 de septiembre un barco de pasajero en el Río Níger fue atacado con cohetes, una base maliense en la ciudad de Bamba en la región de Gao también fue asaltada dejando sendos ataques 49 civiles muertos y 15 soldados. El asalto fue reivindicado por el grupo afiliado a Al-Qaeda (JNIM). Enel mes de agosto la alianza yihadista bloqueó Tombuctú y desde entonces se han intensificado los atentados. La salida de la MINUSMA supuso la entrega de dos bases cercanas a Tombuctú a las fuerzas armadas, muy disputadas ahora por los yihadistas. La insurgencia ha llevado los combates al centro del país e incluso a Burkina Faso desde el Norte. El 15 de septiembre fuerzas de Wagner y FAMA fueron emboscadas por los yihadistas del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM) entre Gossi y Gao. El 2 de octubre un convoy de las Fuerzas Armadas de Mali (MALI), partió desde Gao para tomar la ciudad de Kidal, enclave simbólico de la insurgencia tuareg. Cercana a la frontera con Argelia tiene un significado especial para Bamako en términos de soberanía nacional. Con la independencia de Francia, desde esta ciudad se han lanzado cuatro rebeliones tuareg contra el Estado. El grupo Wagner y las FAMA se encontraron con resistencia, su avance se vio dificultado por un artefacto explosivo improvisado (IED, en sus siglas en inglés). El convoy fue atacado por rebeldes tuareg y árabes entre Anefis y Tabankort.

Grupos del norte de Mali contrarios a la salida de MINUSMA

El pasado día 21 de junio contamos cómo el jefe de la MINUSMA había presentado su informe sobre Mali ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El mandato de la fuerza multinacional MINUSMA acaba oficialmente el próximo 30 de junio, por lo que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha de tomar una decisión sobre su renovación. En el informe presentado en la sede de Naciones Unidas se hacía mención expresa de la matanza de civiles sucedida en Moura en marzo de 2022 y se mencionaba expresamente que había sido obra del ejército maliense y sus aliados de un país extranjero. La respuesta del ministro de Asuntos Exteriores de Mali, Abdoulaye Diop, fue manifestar el malestar del gobierno de Mali con la MINUSMA y pedir su salida “sin retraso” (“sans délai”) del país. La “crisis de confianza” entre el gobierno de Mali y la MINUSMA que el ministro Diop mencionó en su discurso en Naciones Unidas no es producto únicamente del malestar maliense por la acusación vertida en el informe. Se trata de un proceso de deterioro de relaciones prolongado en el tiempo. Por un lado, tenemos la naturaleza no democrática del gobierno de Bamako, que ha puesto a la comunidad internacional ante el dilema de cooperar y por tanto legitimar una junta militar. Y por otro lado tenemos la percepción maliense de que una década después del despliegue de fuerzas internacionales en el país la violencia yihadista no sólo se ha cronificado sino que se ha intensificado y expandido. La actual situación abre la posibilidad de varios escenarios. Podría suceder que la MINUSMA se retire de Mali, dejando un peligroso precedente de que una fuerza de paz de Naciones Unidas sea obligada a abandonar un país donde se han estado produciendo matanzas de civiles. También es posible que Naciones Unidas apruebe una extensión del mandato de la MINUSMA, lo que supondría un abierto desafío a la junta militar, que pasaría a ser tratada como un mero gobierno de facto. En cualquier caso, habrá que estar pendiente del papel que juegue Rusia, ya que es un país aliado clave de la junta militar de Mali (véase anteriormente en OSINT Sahel un repaso a las aeronaves militares entregadas por Rusia a Mali), ya que recordemos que Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto. La crisis abierta entre Mali y la MINUSMA no sólo tendría repercusiones sobre el terreno porque supondría eliminar una molesta presencia de testigos internacionales, que ya han puesto en entredicho los métodos empleados por el ejército de Mali en su guerra contra las insurgencias yihadistas, sino que pone en entredichos ciertos consensos sobre los que se construyó la paz entre el gobierno y los rebeldes separatistas tuareg del norte del país. Esos grupos separatistas, encuadrados en el Marco Estratégico Permanente por la Paz, la Seguridad y el Desarrollo (CSP-PSD por sus siglas en francés), ya habían mostrado su rechazo al referéndum constitucional celebrado el domingo 18 de junio en Mali, contra el que habían promovido un boicot y en torno al cual habían denunciado fraude. Lo consideran contrario al Acuerdo de Argel de 2015 que puso fin a las hostilidades contra el gobierno. La petición a Naciones Unidas que la fuerza MINUSMA abandone el país ha dejado al CSP-PSD “consternado”, según se dice en el comunicado publicado el 21 de junio, donde se menciona la preocupación por el impacto que tendría la marcha de los cascos azules para la población afectada por “el terrorismo y el subdesarrollo”. Y donde se dice que la marcha de la MINUSMA sería un “golpe fatal” para el Acuerdo de Argel de 2015.

Mali pide la salida de la fuerza internacional MINUSMA del país «sin retraso».

El pasado viernes 16 de junio El-Ghassim Wane, representante especial del Secretario General de Naciones Unidas y jefe de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Mali (MINUSMA) compareció ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para presentar su informe sobre la situación del país. Dicha comparecencia fue respondida por el ministro de Asuntos Exteriores de Mali, Abdoulaye Diop, quien declaró que la MINUSMA “no ha sido capaz de proveer respuestas adecuadas a la situación de seguridad de Mali” y “parece haberse convertido en parte del problema por alimentar las tensiones comunitarias”. El asunto de fondo, al que el ministro Diop se refirió como “acusaciones de extrema gravedad y que son muy perjudiciales para la paz, la reconciliación y la cohesión nacional» es la Masacre de Moura. En esa localidad de la región de Mopti varios cientos de civiles fueron asesinados entre el 27 y el 31 de marzo de 2022. Pocas semanas después la organización Human Rights Watch informó que en Moura murieron 300 personas en lo que calificó como la “peor atrocidad de la que se ha informado en Mali en una década de conflicto”. La misma organización afirmó entonces haber recogido el testimonio de numerosos testigos locales que culpan a de la masacre a las fuerzas gubernamentales y a otra compuesta por personal no africano y que no hablaba francés, lo que apuntaría a ciudadanos rusos. La mayoría de las víctimas fueron identificadas como pertenecientes a la etnia fulani (también conocida como peul), tradicionalmente nómada y pastoril. El reciente informe del jefe de la MINUSMA señala en su página 6 como responsable de la masacre de Moura a “tropas de las fuerzas armadas malienses y de personal de seguridad extranjero”. Según el ministro Diop, la acusación de Naciones Unidas, que apunta directamente a las fuerzas gubernamentales, “está generando un sentimiento de desconfianza de la población maliense hacia MINUSMA y una crisis de confianza entre las autoridades de Mali y MINUSMA”. Así que a continuación solicitó el retiro de la fuerza internacional del país “sin retraso”. La reacción de las autoridades malienses al informe de Naciones Unidas ha incluido acciones judiciales contra los miembros de la comisión investigadora, a los que se les acusa de delitos como “espionaje”, de “dañar la moral de los ejércitos de tierra o del aire” y de “dañar la seguridad exterior del Estado”. El comunicado del fiscal general menciona expresamente que los delitos tienen vinculación con la investigación de lo sucedido en Moura. Por un lado, la solicitud de retirada de la fuerza multinacional MINUSMA es el reflejo de la percepción extendida en Mali de la escasa efectividad de las fuerzas externas para lograr la paz en el país, donde la violencia yihadista no sólo se ha cronificado, sino también extendido a otros países de la región. El fenómeno refleja las limitaciones de los “cascos azules” de Naciones Unidas para pacificar un territorio, pero también de lo complicado que ha resultado luchar contra insurgencias yihadistas en todo el mundo desde el 11-S. No se puede decir que el balance sea brillante y positivo. Véase al respecto: «La intervención europea en el Sahel: lecciones a desaprender«. Por otro lado, hay que recordar que MINUSMA nació en el contexto del vacío de poder generado en Mali por la rebelión tuareg en el norte del país, que precedió a la toma posterior del poder por parte de los yihadistas. Así que la presencia de MINUSMA en el país era una garantía para los habitantes del norte. Precisamente, la región norte del país es la que menos participó en el referéndum constitucional del pasado domingo 18 de junio. Así que se puede extender la idea en el norte de Mali que la salida de la fuerza MINUSMA rompe los consensos sobre los que se construyó la convivencia pacífica con Bamako. La falta de una fuerza internacional en Mali sólo podrá hacer más recurrentes las masacres como la vivida en Moura.

Nuevos blindados chinos llegan a Mali.

Las fuerzas armadas de Mali (FAMa) están viviendo un proceso de rearme, obteniendo nuevas capacidades con la expansión de su flota de aeronaves y vehículos blindados, tal como vimos anteriormente en OSINT Sahel. Así, en el mes de marzo llegó un convoy logístico a Bamako con material militar chino, que fue presentado en una ceremonia semanas después. También repasamos la recepción de distintas aeronaves militares procedentes de Rusia y drones Bayraktar TB2 de origen turco. Esto supone que Mali está reforzando sus fuerzas armadas con materiales procedentes de nuevos socios estratégicos ajenos a Occidente. 🇲🇱 🇨🇳 | Large convoy of at least 70 trucks conveying new vehicles being delivered to the Malian Army, the vehicles include WZ-551 and VP11 MRAP’s. pic.twitter.com/Q7lLZTvu4m — Jake (@Jakepor21) June 3, 2023   En este orden de cosas, un nuevo convoy logístico formado por 70 camiones procedente del puerto de Conakry llegó a Mali a finales del mes de mayo. El convoy transportaba nuevos materiales militares de origen chino con destino a las fuerzas armadas de Mali. Possible delivery of armored vehicles of Chinese origin to the Malian army. VP11 and CS/VP11 Lynx have been seen and WZ-551 have also appeared. pic.twitter.com/rqtNYsClnH — Al4sko Diallo (@Alasko73) May 31, 2023 Entre los nuevos materiales se aprecian los vehículos a prueba de minas de la familia NORINCO VP11 y los vehículos ligeros 4×4 CS/VP11 Lynx. Ambos modelos de vehículos fueron recibidos en el anterior gran convoy logístico con material chino que llegó a Mali en marzo.  La novedad esta vez fue la presencia de vehículos de transporte de tropa 6×6 modelo WZ-551. Se trata de un blindado sencillo muy presente en numerosas fuerzas armadas de África, como Camerún, Sudán, Sudán del Sur, Guinea Ecuatorial, etc. Y que ya hemos visto en conflictos armados del Sahel. Norinco WZ551. An MRAP is supposed to protect the crew even if the vehicle is sacrificed. Most of the damage here seems to be on the inside, in the crew compartment, which is not the outcome you want. pic.twitter.com/NDDrfmtFcC — DC, Last Legion, Infinity Redux (@DerektheCleric) April 12, 2023 Precisamente, la vulnerabilidad ante minas terrestres y artefactos explosivos señalada en el tuit anterior fue aminorada en una versión evolucionada del blindado WZ-551 llamada VN2C que también Mali ha incorporado a sus fuerzas armadas. Los nuevos vehículos fueron presentados junto con otros de diverso origen en una ceremonia celebrada en el campamento militar de Kati el 3 de diciembre de 2021. La cooperación militar china con Mali no sólo tiene lugar a través de la venta de material militar en un momento histórico de malas relaciones con Francia, principal potencia garante de la seguridad del país hasta hace poco, sino que China está presente en Mali a través de un contingente de cascos azules integrados en la fuerza multinacional MINUSMA. Ese contingente lo forma una compañía de zapadores, un hospital role 2 y una unidad de protección de la fuerza. Le 10e lot de troupes chinoises de maintien de la paix au détachement d’infanterie de défense du Mali a reçu de nouveaux véhicules anti-mines embuscade. C’est la première fois que cet équipement est installé dans une force chinoise de maintien de la paix à l’étranger. pic.twitter.com/n4RN6CDZtB — Ambassade de Chine en France (@AmbassadeChine) January 30, 2023 Ese contingente chino integrado en MINUSMA emplea varios modelos de vehículos blindados chino, lo que habrá servido para una primera toma de contacto de los militares malienses con el material militar de origen chino. De hecho, el contingente chino en MINUSMA emplea blindados 6×6 modelo WZ-551 como los que acaba de recibir el ejército de Mali. La suma de material blindado y aeronaves procedentes de China y Rusia respectivamente han convertido a las Fuerzas Armadas de Mali en las mejores dotadas ahora mismo entre el grupo de cinco países sahelianos (G-5). No obstante, queda pendiente comprobar si ante este enorme crecimiento de materiales de nueva incorporación es acompañado de los niveles de formación y personal adecuados, además de los presupuestos que requiere el mantenimiento y la operación de equipos complejos como son los aviones de combate, helicópteros y drones. La solución más fácil a corto plazo podría ser que Mali aumentara su dependencia de sus nuevos socios estratégicos y contara con personal procedente

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