Bamako resiste (de momento)

La llegada de convoyes de camiones cisternas a Bamako ha aliviado, por el momento, la situación en la capital de Mali. El país sufre una ofensiva yihadista dentro de una nueva estrategia de estrangulamiento económico que trata de aislar Mali de sus salidas al mar por Senegal y Mauritania. La ayuda militar rusa sigue siendo fundamental en una país donde la situación de seguridad se ha agravado en los últimos años. Una sensación de alivio en Bamako. La semana pasada la entrada de convoyes de camiones cisternas con combustible procedente de Costa de Marfil llevó un alivio, al menos temporal, a Bamako. La capital de Mali llevaba semanas viviendo una situación de crisis por la estrategia de estrangulamiento económico aplicada por la franquicia saheliana de Al Qaeda, el Frente de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM en árabe). Largas colas en las gasolineras, reducción de los servicios de transporte público y un encarecimiento de los productos básicos han afectado a la vida diaria de los malienses en la capital.   Las advertencias de numerosos gobiernos occidentales para que sus ciudadanos abandonaran el país contribuyó al sentimiento de urgencia que se vio acompañado de titulares que describían un país “al borde del abismo” (Washington Post, 21 octubre 2025). Las últimas acciones militares del ejército de Mali parecen haber logrado mantener abiertas las rutas hacia el sur con Costa de Marfil, tras meses de ataques yihadistas contra las comunicaciones del país contra sus vecinos occidentales de Mauritania y Senegal. Mientras tanto, desde los medios oficiales se muestran operaciones contra el acaparamiento de combustible y prácticas de corrupción. Mali 🇲🇱 : Local sources report that a fuel tanker convoy has arrived in #Bamako, marking the second delivery within a week. pic.twitter.com/Z226qRkQBR — African News feed. (@africansinnews) November 8, 2025   El anuncio el 4 de noviembre por parte de la compañía logística francesa CGM CMA de suspender sus operaciones en Mali fue seguido por otro anuncio igual de MSC, el mayor operador logístico global con sede en Suiza. Negociaciones iniciadas por la junta militar de Mali llevaron a la empresa CGM CMA a cambiar su decisión y comunicar el 6 de noviembre que continuaría ofreciendo transporte de mercancías por carretera a Mali a pesar de las dificultades. Los tres países gobernados por juntas militares que forman la Alianza de Estados del Sahel (Mali, Burkina Faso y Níger) carecen de salida al mar y dependen de las comunicaciones por tierra con los puertos de los países vecinos que forman el arco atlántico de África Occidental. Nueva estrategia yihadista La actual crisis de Mali, que vive un conflicto armado desde 2012, se inició el pasado mes de julio con una ofensiva del Frente de Liberación de Macina, una de las facciones que forman el grupo JNIM en la región de Kayes. Se trata de la región más occidental de Mali y es el lugar de paso inevitable para el tráfico rodado directo entre Mali y Senegal. Es además, la segunda región que más aporta a la economía del país, después de la región de Bamako, albergando los principales yacimientos de oro de Mali. JNIM redobló la apuesta cuando el 3 de septiembre anunció un bloqueo a la importación de combustible de los países vecinos al oeste y sur de Mali en una estrategia de estrangulamiento económico que hizo que el conflicto armado del país se sintiera por primera vez en la región de la capital. La insurgencia yihadista sólo había logrado hacerse notar en Bamako de forma puntual, como en el ataque contra el aeropuerto internacional de Bamako de septiembre de 2024. Pero desde la intervención militar francesa en enero de 2013, que frenó el avance yihadista hacia el sur del país, la mayor intensidad del conflicto con las fuerzas yihadistas se ha vivido en la región central, en torno a la curva que traza el río Níger en Mali, junto con el norte del país. Allí operan también las fuerzas separatistas de los grupos tuareg y sus aliados. La guerra informativa dentro de la guerra. La ofensiva yihadista en Mali ha tenido su reflejo en el espacio informativo, pero los actores en disputa no son exclusivamente la junta militar que gobierna el país y las fiuerzas insurgentes as las que enfrenta. Sino que tienen como protagonista al gobierno y los medios de comunicación de Francia, la antigua potencia colonial que perdió su posición privilegadia en el Sahel. Titulares como “La ofensiva yihadista a las puertas de Bamako” y “Mali: ¿el país pronto estará en manos de los yihadistas?” de medios franceses insisten en una inminente caída de la capital y del país en manos yihadistas que no es compartida por los observadores sobre el terreno. Y que en realidad forma parte de la tormentosa relación del gobierno francés y la junta militar maliense, que el pasado mes de septiembre cortó la cooperación antiterrorista con Francia y expulsó a varios miembros del personal diplomático francés en Bamako. Uno de los blancos del esfuerzo informativo del gobierno francés en el Sahel es la alianza de las juntas militares con Rusia, país que ha ocupado el papel que hasta 2022 desempeñó Francia como aliado militar principal. El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, declaró el 6 de noviembre que la estrategia de buscar asistencia en materia de seguridad en Rusia y grupos armados rusos, una referencia al Grupo Wagner, había resultado un fracaso. Mientras que en redes sociales, “Respuesta Francesa”, una perfil oficial del ministerio de Asuntos Exteriores compartía una vídeo contrastando los mensajes triunfalistas lanzados desde Moscú hace tres años con actual realidad sobre el terreno, insistiendo en que desde Francia se anticipó el fracaso de la ayuda rusa. The US commends the armed forces of Mali 🇲🇱 in their fight against Islamic extremist militants (JNIM). Today I had an excellent conversation with Mali’s Foreign Minister @AbdoulayeDiop8 to discuss our shared security interests in the region. Look forward to greater cooperation! pic.twitter.com/E3tge3sLnJ — Christopher Landau (@DeputySecState) November 4, 2025   En contraste con

Crisis fronteriza entre Mauritania y Mali

El pasado 8 abril, Radio Francia Internacional informó de una incursión de fuerzas militares malienses y rusas en territorio de Mauritania sucedida el día anterior. Al parecer se trató de una operación contra la qatiba Macina del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (conocido por sus siglas en árabe como JNIM). La incursión tuvo lugar en el sureste de Mauritania, en el pueblo de Médala, cerca de Fassala (en la región de Hodh El Charqui). Tres civiles mauritanos resultaron heridos y cuatro personas fueron retenidas temporalmente e interrogadas por los incursores, para luego ser liberadas. La presencia de personal ruso en la zona fue confirmada por la difusión de un vídeo con fecha 28 de abril de 2024 en el que se ve una patrulla con vehículos Toyota Land Cruiser HZJ79 y de la que forma parte personal de origen europeo. El lugar de la incursión está al otro lado de la frontera de un área conocida en Mali como el bosque de Wagadou, conocida por ser lugar de refugio de las fuerzas yihadistas.  Se da la circunstancia que fue el ejército de Mauritania el que atravesó la frontera para atacar una base de un grupo local de Al Qaeda en junio de 2011. Inmediatamente tras la incursión maliense y rusa del día domingo 7 de abril de 2024, el gobierno de Mauritania anunció el martes 8 que no haría la “vista gorda” y que su ejército “nuestro ejército responderá a todas las incursiones extranjeras que intenten penetrar deliberadamente en nuestras fronteras». En un intento de rebajar la tensión, Hanana Ould Sidi, ministro de Defensa de Mauritania, visitó Bamako el 20 de abril. Según recogió el corresponsal Serge Daniel para Radio Francia Internacional, en los “círculos oficiales de Bamako” se vieron sorprendidas por el tono empleado por las autoridades malienses. Y a pesar de que la visita del ministro mauritano a Bamako se vio acompañada de una visita de una delegación maliense a Mauritania “esto no es suficiente para bajar la tensión”. Como recuerda nuestro colaborador Alfonso Masoliver en el diario La Razón, entre marzo y abril de 2022 tuvieron lugar dos incidentes en la frontera entre Mauritania y Mali que se saldaron con 8 muertos y 15 desaparecidos. El primer fin de semana del mes de mayo el ejército mauritano llevó a cabo una serie de ejercicios militares en la frontera con Mali en la que se movilizaron, entre otros elementos, lanzacohetes de 107mm y piezas de artillería de 122mm. Los ejercicios fueron visitados por el general El Mojtar Bolle Chaabane, jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas (CEMGA) el sábado 4 de mayo, que fue acompañado por una delegación de altos cargos de las fuerzas armadas mauritanas. El último movimiento diplomático tuvo lugar el pasado viernes 9 de mayo con la visita de una delegación militar maliense de “alto nivel” encabezada por el general de división Oumar Diarra, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (CEMGA) a Nuakchott. La visita tuvo el propósito, según informan las fuerzas armadas malienses, de “examinar las preocupaciones seguridad de ambos países y prever soluciones sostenibles para la seguridad de la frontera común” y el “establecimiento de un mecanismo para evitar incidentes repetitivos a lo largo de la frontera”.  

El masivo ataque yihadista en Burkina Faso y una junta sobrepasada.

La localidad de Djibo, en el norte de Burkina Faso y cerca de la frontera con Mali, fue atacada por una gran concentración de fuerzas yihadistas el domingo 26 de noviembre de este año. La Agencia de Información Burkinés cifraba en “cerca de 3.000 terroristas” el número de atacantes. Pero como señalaba la crónica de Radio France Internacional “no puede verificarse de forma independiente”. Uno de los puntos focales del ataque fue el destacamento militar, que corrió la misma suerte que el resto de la ciudad de ser ocupado y saqueado. Entre los lugares atacados se encuentra también un hospital de campaña y un campamento de desplazados. Djibo ha estado sometido a asedio de las fuerzas yihadista desde hace un año, dificultando la llegada de ayuda humanitaria. Así, el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas ha tenido que recurrir al empleo de helicópteros para la entrega de alimentos en las localidades aisladas de Burkina Faso. Véase al respecto, anteriormente en OSINT Sahel, “Los helicópteros Chinook contratados por la ONU en Burkina Faso para combatir la crisis alimentaria”. La cuenta de Wamaps en la red social X (anteriormente Twitter) proporcionó diversos datos del ataque. Habría sido llevado a cabo por los grupos Ansarul Islam y el Frente de Apoyo al Islam y los Musulmanes (más conocido por las siglas JNIM). El segundo habría participado a través de las unidades (katiba) Macina y Serma. Según Wamaps, el ataque habría tenido lugar entre las 15 y 18 horas del día 26 de noviembre y habría sido lanzado desde tres ejes sobre Djibo. Los yihadistas usaron como punta de lanza un vehículo blindado tipo MRAP de origen sudafricano OTT Puma M26 capturado, además de todoterrenos y motocicletas. El balance de víctimas sumaba 24 militares y milicianos de la fuerza Voluntarios para la Defensa de la Patria, además de unos cuarenta civiles. Dos días después del ataque, la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas confirmó la existencia de víctimas civiles, dando la cifra de, al menos, 40 fallecidos y 42 heridos. La respuesta de las fuerzas armadas burkinesas incluyó el empleo de medios aéreos, circulando en redes sociales imágenes de los ataques y sus resultados. En el contraataque gubernamental habrían tenido un papel destacado los drones de origen turco Bayraktar TB2 y las municiones guiadas MAM-L, producidas también en Turquía por la empresa ROKETSAN. La junta militar que preside Burkina Faso compartió un vídeo en Facebook con las imágenes captadas por los drones y el resultado de sus ataques “a la reconquista del territorio”, destacando el uso por parte de las yihadistas de grandes concentraciones de combatientes en motocicleta. La difusión de motocicletas económicas en el Sahel y su empleo a modo de “caballería ligera” fue tratado anteriormente en OSINT Sahel en “La caballería ligera yihadista: el creciente empleo de motos en los conflictos del Sahel”. Las imágenes fueron difundidas también por la Radio Televisión Burkinesa. Según recogía la Agencia de Información Burkinabé, el balance provisional de bajas entre las fuerzas yihadistas fue de “400 terroristas neutralizados”. Estas cifras contabilizaban sólo los cuerpos que quedaron sobre el campo y no incluirían aquellos que murieron en la retirada a través de la sabana, ya que el ejército burkinés se lanzó en persecución de los yihadistas que sobrevivieron al contraataque del lunes día 27 de noviembre. Este ataque refleja un aumento de la violencia yihadista en Burkina Faso, que sufrió dos golpes de Estado en 2022. La justificación de las juntas militares que ahora gobiernan en Mali, Burkina Faso y Níger es que las democracias han sido incapaces de hacer frente a la amenaza yihadista, que las iniciativas de diálogo han sido inútiles y se requiere de un gobierno fuerte en manos militares. Sin embargo, la falta de resultados es notoria. Y en Burkina Faso se acumulan rumores de mal estar entre las fuerzas armadas, con detenciones de presuntos golpistas mientras la junta militar vive una deriva autoritaria. Según recoge The New Humanitarian, desde 2019 dos millones de personas se han convertido en desplazados por la violencia en Burkina Faso, mientras que 4,7 del total de 22 millones de habitantes del país requieren asistencia. Esta última cifra refleja un aumento de un millón respecto a 2022. Y recoge el testimonio del sociólogo burkinés Jacob Yarabatioula que afirma “el ejército está sobrepasado por esta guerra”. Una vez cortados los vínculos militares con Occidente mientras aumenta la violencia de los grupos armados,, podemos esperar que las juntas militares que gobiernan en Mali, Níger y Burkina Faso, refuercen sus vínculos. Un paso concretado recientemente con la formación de la Alianza de Estados del Sahel. Sin perder de vista tampoco la posibilidad de que la junta militar de Burkina Faso siga los pasos de la junta maliense y busque un aliado militar en Rusia. 

La violencia rompe el tratado de paz en Mali, inicio de una guerra civil.

No cesan los enfrentamientos en el Norte de Mali, sin declaraciones oficiales de guerra, se rompe la Paz de Argel, tratado que fue firmado en 2015 por el gobierno maliense y los grupos secesionistas no yihadistas representados por la Coordinadora de Movimientos de Azawad (CMA), coalición que incluye al Alto Consejo para la Unidad de Azawad (ACUA), al Movimiento Árabe de Azawad (MAA) y al Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA). Este acuerdo de paz se vio debilitado tras el golpe de estado de la nueva junta militar en 2020. A pesar de estar llevándose a cabo la decisión formal de la salida del país de la MINUSMA aún se siguen enfrentando los convoyes con artefactos explosivos para atentar en durante sus rutas a las fuerzas de mantenimiento de la paz. Desde mediados de 2022 la crisis de seguridad no ha hecho más que incrementarse. En el mes de agosto se han sucedió una serie de hostigamientos centrados en tomar bases, ciudades y campamentos militares. Los grupos yihadistas y los rebeldes tuareg han aprovechado la salida de las tropas francesas y el relevo de las bases de las MINUSMA al ejército maliense para emboscar e intentar tomar el mayor número de campamentos posibles. Al igual que ocurrió en Mali, Francia continua con su salida de la región y las salidas de Níger ya se están sucediendo. El 7 de septiembre un barco de pasajero en el Río Níger fue atacado con cohetes, una base maliense en la ciudad de Bamba en la región de Gao también fue asaltada dejando sendos ataques 49 civiles muertos y 15 soldados. El asalto fue reivindicado por el grupo afiliado a Al-Qaeda (JNIM). Enel mes de agosto la alianza yihadista bloqueó Tombuctú y desde entonces se han intensificado los atentados. La salida de la MINUSMA supuso la entrega de dos bases cercanas a Tombuctú a las fuerzas armadas, muy disputadas ahora por los yihadistas. La insurgencia ha llevado los combates al centro del país e incluso a Burkina Faso desde el Norte. El 15 de septiembre fuerzas de Wagner y FAMA fueron emboscadas por los yihadistas del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM) entre Gossi y Gao. El 2 de octubre un convoy de las Fuerzas Armadas de Mali (MALI), partió desde Gao para tomar la ciudad de Kidal, enclave simbólico de la insurgencia tuareg. Cercana a la frontera con Argelia tiene un significado especial para Bamako en términos de soberanía nacional. Con la independencia de Francia, desde esta ciudad se han lanzado cuatro rebeliones tuareg contra el Estado. El grupo Wagner y las FAMA se encontraron con resistencia, su avance se vio dificultado por un artefacto explosivo improvisado (IED, en sus siglas en inglés). El convoy fue atacado por rebeldes tuareg y árabes entre Anefis y Tabankort.

Pérdidas significativas de las fuerzas armadas de Mali en un contexto de guerra abierta en el norte del país

Anteriormente, en «¿Los primeros pasos del próximo conflicto en el norte de Mali?«, vimos que la retirada de los cascos azules de la fuerza multinacional MINUSMA, garante de la paz entre el gobierno y los separatistas tuareg, creaba un vacío de poder. Tanto los militares del ejército maliense como los grupos armados tuareg intentaban tomar las bases abandonadas por la MINUSMA y se produjeron los primeros enfrentamientos armados. Desde entonces hemos visto en Mali el asalto a campamentos militares por parte de fuerzas tuareg y grupos yihadistas, con la captura de material del ejército, además de la pérdida de varios aparatos de la fuerza aérea: un Sujoi Su-25, dos Aero L-39C y un Mil Mi-8T. El primer aparato perdido este mes por la fuerza aérea de Mali fue un helicóptero de transporte Mil Mi-8T. La confirmación llegó a través de un comunicado del Frente de Apoyo al Islam y los Musulmanes, la franquicia saheliana de Al Qaeda más conocida por las siglas de su nombre en árabe (JNIM). El comunicado mencionaba combates el 8 de septiembre entre Tountouroubala y Gawantou, en la región de Segú. A pesar de su estado, el color característico del aparato permitió identificarlo como el helicóptero Mi-8T matrícula TZ-99H que fue presentado al público en agosto de 2022 en Bamako. El 9 de septiembre se produjo la pérdida del avión de combate Sujoi Su-25. Se trata del segundo aparato de este tipo recibido por Mali procedente de Rusia. El primero, con matrícula TZ-20C, se perdió en un accidente el 20 de octubre de 2022 en la aproximación al aeropuerto de Gao, provocando el cierre del aeropuerto y el desvío del tráfico aéreo.   El impacto del avión contra el suelo mató a un militar e hirió a otros ocho militares y un civil, según informó entonces el portal de noticias defenceWeb. El avión había sido presentado en una ceremonia el 9 de agosto de 2022 junto con cuatro entrenadores Aero L-39C, un helicóptero Mil Mi-24P y un helicóptero de transporte Mil Mi-8T. Posteriormente, la fuerza aérea de Mali recibió un segundo Sujoi Su-25, que recibió la matrícula TZ-25C y fue presentado al público el 19 de enero de 2023. Hicimos un repaso de las aeronaves militares recibidas por Mali desde Rusia en «Un nuevo socio estratégico: la fuerza aérea de Mali y el material recibido de Rusia«. El segundo Su-25 perdido se estrelló cerca camino de Gao, a la vuelta de una misión de ataque a tierra contra fuerzas tuareg de la Coordinadora de Movimientos de Azawad en Almoustrate el día 10 de septiembre. Según los rebeldes, el avión fue derribado. Mientras que la versión de las autoridades malienses es que el avión se perdió por causas técnicas y mal tiempo. Aparentemente, el piloto del Su-25 estrellado fue capaz de emplear el asiento eyectable y salvar la vida. Entre los restos del aparato se encontró el asiento, sin que hubiera noticias de que el piloto hubiera caído prisionero o fuera encontrado muerto. Se da la circunstancia de que ninguno de los dos Sujoi Su-25 recibidos por Mali ha cumplido un año de servicio en la fuerza aérea del país. Lo que podría validar los rumores de que existía quejas en Mali por el estado y operatividad del material recibido de Rusia. En un vídeo grabado por un civil maliense de los restos del aparato se oye el comentario “este neumático es demasiado viejo”, en referencia a una de las ruedas del tren de aterrizaje. La confirmación de la pérdida de un segundo avión militar llegó el día 17 de septiembre mientras el ejército y los rebeldes tuareg combatían en la localidad de Léré. El cráter en el suelo hace pensar en una pérdida de control y caída en picado a gran velocidad. Sin embargo, el estado de los restos no permite identificar el aparato. Posiblemente se trate de un Aero L-39C, el único modelo de avión de combate a reacción que queda en servicio en Mali. Finalmente, las noticias de una nueva aeronave perdida por la fuerza aérea de Mali llegaron el día 17. Las imágenes mostraban un Aero L-39C con matrícula TZ-14C tras realizar un aterrizaje de emergencia que había provocado considerables daños al ala izquierda. Sin embargo, parece que el piloto pudo sobrevivió al aterrizaje y habría caído prisionero. El TZ-14C fue uno de los aparatos presentados al público en agosto de 2022 y parece que participaba en las operaciones militares en Léré. El balance provisional es de tres aviones y un helicóptero en el transcurso de diez días de operaciones militares de las fuerzas armadas de Mali en el centro y el norte del país. Es difícil discernir en cada caso si se trató de un mero accidente por problemas del estado del material o la falta de formación adecuada del personal, o se trató de derribos logrados por las fuerzas separatistas y yihadistas. En cualquier caso esta tasa de pérdidas de aeronaves no es sostenible y genera serias dudas sobre el estado del material y la formación de las tripulaciones. Recordemos que estos cuatro aparatos no son los primeros que Mali pierde este año. El 22 de abril se perdió en accidente, en el que fallecieron sus tres tripulantes, un helicóptero de ataque Mil Mi-24D. Véase «Accidente de helicóptero de combate de la fuerza aérea de Mali». Asistimos ya a escenas de guerra abierta en el norte de Mali que se suman a los ataques yihadistas en el centro del país, de los que habrá que hablar en otra ocasión. Y en esos enfrentamientos llama la atención la pérdida de material militar, como los vehículos a prueba de minas NORINCO VP11, que llegaron este año a Mali. La pérdida del material más avanzado y más moderno tiene que sentirse en un país con recursos limitados y enfrentado a desafíos tan importantes.

La caballería ligera yihadista: el creciente empleo de motos en los conflictos del Sahel

El 8 de Julio de 2023 vimos como terroristas en Burkina Faso cortaban una carretera y asaltaban con un enjambre de motocicletas un convoy escoltado. Docenas de motocicletas culebrean entre los camiones. En el vídeo podemos ver un intercambio de fuego, binomios con lanzagranadas tipo RPG y ametralladoras en soportes traseros de las motos. Este económico y versátil vehículo civil se ha vuelto tan importante que se han detectado la conexión de los dos mayores grupos terroristas en el Sahel, las franquicias locales de Al Qaeda y el Estado Islámico, con redes ilícitas de contrabando de este tipo de motocicletas. Pueden pasar desapercibidas en contenedores, entre piezas de repuesto o similar. Aunque el método de ocultación más sencillo es el soborno. El 17 de mayo de 2023, la propaganda del Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS, en sus siglas en inglés) difundió una serie de imágenes donde mostraba su control en la ciudad de Tindermène, en la región de Gao (Mali). La ubicacion que aparece en las imáenes estuvo anteriormente bajo el control del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), la rama de Al Qaeda en Malí. En las imágenes se pueden observar yihadistas montados por parejas en motocicletas acompañando a los vehículos Toyotas. El uso de motocicletas es extendido por parte de los grupos insurgentes como vehículo de reconocimiento y para acciones de hostigamiento, además de servir para ocultar IED. El uso de esta “caballería ligera yihadista” es una práctica consolidada en las guerras del Sahel. Las fuerzas de seguridad del G5 (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger) desde hace años contabiliza un porcentaje alto de motocicletas en las incautaciones que llevan a cabo en operaciones contra los grupos terroristas. El mercado africano de motos está dominado por las clásicas marcas niponas. Sin embargo, las marcas de económicas motocicletas chinas se han abierto paso. Hablamos de fabricantes como Lifan o Jialing. En este tipo de motos la cilindrada más común es de 125cc. Se trata de vehículos que pueden alcanzar los 120 km por hora, o incluso algo más, en carreteras bien asfaltadas. Mientras que proporcionan gran versatilidad al alcanzar unos 80 km/hora campo a través. Este método de transporte económico, común, discreto y versátil también se ha visto en Níger. Las motocicletas todo terreno han sido también usadas por las fuerzas especiales de Estonia desplegadas en el Sahel. Mientras que los militares los francese han aparecido acarreando motos chinas Haouje de similares características. La militarización más común que se ha observado sería dos yihadistas con variantes de fusiles AK chinos de NORINCO y RPG. También se pudo ver en ataques del Estado Islámico en Pétél Kolé, en la frontera entre Níger y Burkina Faso, la ametralladora pesada china W85 toscamente montada en la parte trasera de la moto. Un ingenio que también vimos como uso antiaéreo en la guerra de Siria. El ejército nigeriano cuenta con compañías de motocicletas en unidades de reconocimiento, empleando diversas variantes. Por ejemplo, motos con una ametralladora en soporte elevado y faldón protector delantero para el conductor. Y también motos con baterías placas solares y acumuladores para las comunicaciones.

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