Goita se mantiene en el poder hasta 2030

A principios de julio de 2025 el presidente de transición de Mali, Assimi Goita, ha recibido por parte del Parlamento un mandato de cinco años más, que puede ser prorrogable sin necesidad de elecciones. La renovación de dicho mandato podría contemplarse en el año 2030, en caso de que las condiciones de seguridad en el país continúen siendo desfavorables. Esta ley también autoriza al presidente de transición, al gobierno en funciones y a los miembros del órgano legislativo a postularse como candidatos en las elecciones presidenciales y generales. El 30 de abril de ese mismo año el Diálogo Nacional, una plataforma civil pero promovida por los militares y que rechaza la oposición, proponían la permanencia de Goita en el poder y la disolución de los partidos políticos. Tras este anuncio de la permanencia en el poder de Goita la represión aumentó. Durante los primeros días de agosto de 2025 el gobierno ha realizado una serie de importantes arrestos. Entre ellas destaca al menos una veintena de detenciones a militares acusados de un “intento de desestabilización” contra el gobierno. El general fue nombrado presidente en 2021 tras encabezar un segundo golpe de Estado contra el gobierno de transición que se había formado un año antes y del que era vicepresidente. El año pasado había prometido la vuelta a la democracia, algo que ya había prometido que se daría en 2022, pero esto no ha llegado a darse y en marzo de 2024 las elecciones fueron aplazadas indefinidamente. El ejecutivo de transición maliense ha justificado su permanencia en el poder en la delicada situación de seguridad que vive el país. En 2020 se derrocó al gobierno de Ibrahim Boubacar Keïta alegando su incapacidad para luchar contra los diferentes grupos armados que operan en el país. La solución de los nuevos gobiernos de transición, en especial el de Goita se basa en el poder militar. La situación de seguridad con los nuevos gobiernos no sólo no ha mejorado si no que ha empeorado. El dos de julio el grupo yihadista Jama’at Nusrat al-Islam wal Muslimin (JNIM) realizó una serie de ataques simultáneos contra puestos militares malienses y que alegaba haber tomado el control de tres puestos militares. Este es el tercer ataque a gran escala que sufre el país. El 2 de junio, militantes llevaron a cabo un ataque simultáneo contra un campamento militar y el aeropuerto de la histórica ciudad de Tombuctú, en el norte del país. Tan solo un día antes, una incursión armada en el centro del territorio había causado la muerte de al menos 30 soldados. La ruptura de los acuerdos de Argel en enero de 2024 desencadenó una lucha entre grupos separatistas, grupos yihadistas y el gobierno maliense que han provocado una gran cantidad de desplazados tanto dentro del continente como hacia fuera del mismo. El 30 de abril de 2025, el mismo día que el Diálogo Nacional hacía públicas sus conclusiones, el gobierno maliense anunciaba en la televisión estatal la suspensión de manera indefinida de todas las actividades de partidos políticos hasta nuevo aviso alegando razones de “orden público”. La prohibición llegaba después de la convocatoria de protestas por parte de un centenar de partidos políticos en favor de la democracia. La convocatoria de protestas en favor de la democracia marca un punto de inflexión, ya que en los cinco años que Goita lleva gobernando el país nunca se habían dado. La suspensión de las actividades políticas no es una novedad ya que en abril de 2024 ya ocurrió la misma situación, junto con la prohibición a los medios de informar sobre cualquier actividad política, y no fue hasta julio de ese mismo año cuando se reanudaron. Por el momento no se han dado noticias de la reanudación de las actividades políticas. Tras la disolución, la represión contra opositores que pedían la democracia aumentó. Human Right Watch denunció la desaparición de dos políticos, Abba Alhassane secretaro general del partido de la oposición Convergencia para el Desarrollo de Mali (CODEM) y El Bachir Thiam, líder del partido Yelema («El Cambio» en idioma bámbara), ambos líderes habían participado en las protestas. La extensión de mandatos de Assimi Goita no es un hecho aislado ya que durante los últimos dos años ha habido reformas políticas en el país que le han consolidado cada vez más en el poder. Dentro del Gobierno de transición maliense las voces discordantes tampoco son bien recibidas. En noviembre de 2024 el gobierno destituía al primer ministro Choguel Kokalla Maiga y a todo su gabinete. El primer ministro criticó durante un discurso ante los simpatizantes del Movimiento 5 de junio-Agrupación de Fuerzas Patrióticas (M5-RFP) el aplazamiento de las elecciones y la unilateralidad en la toma de decisiones dentro del gobierno. Maiga buscaba aunar a la clase política en un diálogo común para preservar el espíritu de la transición, ya que la población ya exigía un cambio político significativo en 2020 cuando Keita fue derrocado. Antes de ser destituido, el primer ministro había sufrido un lento pero constante desgaste de su relevancia política dentro de la transición maliense ya que había sido cesado de sus funciones como presidente del comité estratégico del Movimiento 5 de Junio (M5). Los militares en el gobierno no se sentían cómodos con las ideas de transición democrática del primer ministro y con estas declaraciones tuvieron la oportunidad de librarse de esta incómoda figura. Con la destitución del primer ministro y todo su gabinete, entre los que incluso se encontraban militares, se borró la representación civil del gobierno. El puesto de primer ministro fue ocupado por otro militar, Abdoulaye Maïga, que ya había ocupado el puesto entre agosto y diciembre de 2022. Sin embargo, la salida de Maïga del Gobierno no fue el punto final. Aunque ya no formaba parte del Ejecutivo, seguía siendo una figura de notable influencia en la vida política del país y continuó teniendo una posición muy crítica. Al mismo tiempo que se producía la oleada de detenciones a militares en agosto de 2025 el ex primer ministro
La Alianza de Estados del Sahel avanza como confederación en su primer aniversario

Hace un año se creó la Alianza de Estados del Sahel. Hoy, la organización ha avanzado hasta convertirse en una confederación. Los rápidos progresos alcanzados y los cambios en las dinámicas que ha generado reflejan el profundo proceso de transformación que ha experimentado la región. Las juntas militares del Sahel han logrado un proceso de integración considerablemente rápido y esperan que éste se intensifique en los próximos meses. Uno de los factores determinantes es que comparten características similares, ya que enfrentan desafíos como la inseguridad, la falta de desarrollo económico y la inestabilidad política, y tienen una visión común de cómo abordar estos problemas. Las juntas militares de Mali, Níger y Burkina Faso han creado un frente común, lo que ha dificultado la aplicación de tácticas de presión por parte de actores externos. Un caso especialmente visible ha sido el de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), que, en su política de tolerancia cero hacia los golpes de Estado, impuso sanciones y llegó a amenazar con una intervención. Las juntas militares de Mali y Burkina Faso respondieron auxiliando a Níger tanto económica como militarmente, e incluyeron en la carta fundacional de la organización la posibilidad de auxiliar a cualquiera de los miembros si es atacado. Actualmente, existe una situación de tensión entre ambos bloques, ya que la alianza acusa directamente a la CEDEAO de haber roto los valores de solidaridad y hermandad entre los estados de la región. Sin embargo, ambos saben que esta situación no es sostenible debido a las amenazas comunes que enfrentan diversos países. Por ello, se ha designado al presidente senegalés Diomaye Faye como mediador, una tarea compleja debido a las posiciones diametralmente opuestas. Al mismo tiempo, los países de la AES se han retirado de organizaciones internacionales como la propia CEDEAO, de la cual estaban suspendidos, y también de la alianza militar G5 Sahel, lo que provocó su disolución, ya que solo quedaron Mauritania y Chad. Uno de los temas que más ha llamado la atención de las juntas militares y de la Alianza de Estados del Sahel son los cambios en las alianzas que han tenido lugar. Uno de los puntos clave de la narrativa seguida por estos estados ha sido su rechazo a la presencia occidental en sus territorios, lo que ha afectado a países y organizaciones como Francia, Estados Unidos, la Unión Europea y Naciones Unidas. Este rechazo se ha manifestado de diversas maneras, como la finalización de cooperación en materia de seguridad, la expulsión de embajadores y la suspensión de medios de comunicación. La región del Sahel se ha convertido en un territorio estratégico en la competición entre potencias a escala mundial. El vacío dejado por los antiguos aliados fue rápidamente ocupado por Rusia, principalmente, pero también por potencias medianas como Turquía, Hungría y Emiratos Árabes Unidos, entre otros. La creación de la Alianza de Estados del Sahel ha sido enormemente ventajosa para Rusia, que, aunque no ha dado un apoyo formal en la creación y gestión de la misma, se puede percibir su ayuda en los viajes de altos mandos de Moscú. El hecho de que ahora los intereses de las juntas militares estén considerablemente alineados y haya una organización regional facilita la consecución de acuerdos entre el Kremlin y los gobiernos del Sahel. El aumento de la presencia rusa en el Sahel comenzó en Mali, pero se ha expandido rápidamente a Burkina Faso y Níger, con la llegada de efectivos militares, cooperación económica y la construcción de centrales nucleares. La lucha contra la inseguridad es uno de los principales objetivos de las juntas militares y la base sobre la que cimentan su legitimidad en el poder. En marzo de 2024, la organización anunció la creación de una fuerza militar conjunta para combatir el yihadismo en la región, y en mayo realizaron ejercicios militares conjuntos con la participación adicional de Togo y Chad. Cabe destacar que, en el contexto de la batalla de Tinzaouaten, en la que tanto el gobierno maliense como la compañía de seguridad privada rusa Wagner sufrieron importantes bajas, los gobiernos de Mali y Burkina Faso respondieron posteriormente enviando drones al terreno. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos militares, la adquisición de armamento y el despliegue de efectivos, no se han logrado avances significativos en la lucha contra el yihadismo en la región. La salida de Naciones Unidas del territorio maliense desencadenó una guerra en el norte del país entre grupos yihadistas, rebeldes tuareg y el ejército maliense. En Níger, que se consideraba un alumno aventajado en la lucha contra la inseguridad, la situación ha empeorado, y en Burkina Faso han aumentado los ataques yihadistas, en un país que ya figuraba entre los tres más afectados por esta problemática. Los países del Golfo de Guinea observan esta situación con preocupación, ya que el descontrol de la situación de seguridad en el Sahel repercute directamente en su propia estabilidad. En el ámbito económico, se han logrado importantes avances en la integración, con reuniones de los ministros de economía, industria y comercio. El objetivo de la Alianza es el desarrollo y la independencia económica de los países que la integran. En diciembre de 2023, se anunció la creación de un banco de inversiones conjunto y el establecimiento de un comité para la unión económica y monetaria. La idea de abandonar el franco CFA, visto como una herramienta de dominación colonial, ha sido planteada en numerosas ocasiones. Sin embargo, esta sería una cuestión de gran complejidad debido a la delicada situación económica que atraviesan los países del Sahel, lo que genera incertidumbre sobre las posibles consecuencias de esta decisión. Actualmente, la Confederación de la Alianza de Estados del Sahel busca seguir profundizando en su cooperación. El 15 de septiembre se anunció la creación de un pasaporte biométrico, con el objetivo de aumentar la seguridad y facilitar la movilidad. La organización ha dado pasos muy rápidos hacia la integración, y se ha mencionado que su objetivo final es la federación, esta situación podría materializarse si
La estrategia de la UE en el Sahel

Las relaciones entre la Unión Europea y la región del Sahel han sufrido importantes cambios en los últimos años. Una de las muestras más importantes es la incapacidad de los 27 estados miembros para ponerse de acuerdo en prorrogar la Misión de Estabilización de la Unión Europea en Mali (EUTM). Por ello la misión no continuará más allá del 18 de mayo, cuando acaba su mandato actual. Uno de los votos en contra ha sido el de Francia, un país que ha visto notablemente disminuida su influencia en la región. La EUTM Mali era una de los pilares sobre los que se cimentaba la presencia de la Unión Europea en la región. El objetivo de la misma era la capacitación de las fuerzas armadas malienses en la lucha contra la inseguridad en el país. En esta misión los efectivos de la Unión Europea no entraban en combate pero contaba con una amplia participación de los países miembros que ha llegado a contar con un millar de efectivos. Su retirada muestra el cambio de paradigma regional y la nueva ventana de oportunidad para la entrada de nuevos actores. La misión ya se encontraba en retirada ya que actualmente solo cuenta con 160 efectivos. Desde la retirada de la francesa Operación Barkhane, la misión de la Unión Europea siguió un camino parecido ya que numerosos países europeos aseguraban que había numerosas dificultades para trabajar con la junta militar maliense. La Unión Europea posee numerosos intereses en el Sahel tanto a nivel político, securitario y económico. En este ámbito es importante destacar que los estados miembros poseen políticas en el Sahel al margen de la Unión Europea. A nivel político una de las cuestiones que más preocupan a la Unión Europea es la migración. La situación de inseguridad en el Sahel ha jugado un papel fundamental en el aumento de la migración. Al mismo tiempo la guerra entre Estados, grupos de seguridad privada, rebeldes independentistas y grupos yihadistas hace muy difícil el desarrollo económico y la creación de expectativas de futuro para la población joven. Los países del Sahel han sido históricamente territorio de tránsito y actualmente pasan dos principales rutas migratorias para llegar a Europa, las que tienen como objetivo el norte de África y la que tiene como objetivo África Occidental. En los últimos años se ha logrado bloquear parcialmente pero esto ha tenido como resultado que la migración se haya movido a África Occidental y salga por países como Mauritania y Senegal. La Unión Europea ha tratado de frenar esta situación creando acuerdos de cooperación con Mauritania y Senegal para que controlen los barcos. El acuerdo con Mauritania alcanzó los 200 millones de euros pero si la situación en el Sahel continúa deteriorándose la migración no hará más que aumentar. En este punto la Unión Europea se encuentra ante un dilema. Las juntas militares han demostrado ser unos socios complicados pero parece que estas juntas van a mantenerse en el tiempo y forman parte de un cambio geopolítico por lo que será necesario trabajar con ellas de algún modo para conservar sus intereses.No obstante, también hay que destacar que la animadversión de las juntas militares no se ha extendido tanto a los demás países europeos pero sí que estamos pudiendo observar como en Níger el rechazo está permeando hacia Estados Unidos. Las relaciones entre la Unión Europea y el Sahel han sido una de las cuestiones que más han atraído la atención. En este ámbito se han sufrido cambios importantes como la retirada de la Operación Barkhane, la MINUSMA, la EUTM Mali y la salida de las juntas militares del G5 Sahel y la CEDEAO. La Unión Europea tenía una presencia importante en este aspecto, lo cual era una de sus principales armas de poder duro pero actualmente está teniendo cada vez más competidores como Rusia y Turquía. En esta cuestión ha sido de vital importancia el precedente que sentó Mali ya que fue el primer país del Sahel en mostrarse contrario a la presencia europea en su territorio y favorable a la rusa. Burkina Faso y Mali siguieron el mismo proceso con mucha más rapidez. Para hacernos una idea, la junta militar de Níger rechazó los acuerdos de militares con la UE sólo cinco meses después de haber llegado al poder. Se revocó la Misión de Asociación Militar de la UE en Níger que había sido lanzada en febrero de 2022, Misión de Fomento Civil de la UE creada en 2022. La región saheliana es de vital importancia para la Unión Europea ya que allí se encuentra la latente amenaza del yihadismo y es el corredor por el que la droga procedente de Latinoamérica llega a Europa. Sin embargo, vendió las misiones de seguridad como la solución al yihadismo pero este no solo no ha desaparecido sino que ha ido en aumento. En este ámbito destaca Burkina Faso ya que en el Global Terror Index de 2024 ha pasado a ser el país del mundo más afectado por ataques yihadistas. Al mismo tiempo el nivel de implicación en estas misiones de seguridad crean divisiones dentro de la Unión. Las misiones de seguridad son una apuesta compleja a nivel estratégico y que suponen una gran inversión de recursos para que estas sean exitosas. La cuestión es que diversos estados miembros se mostraban reticentes a mandar efectivos que podían morir sobre el terreno o a destinar importantes cantidades de recursos a una región que ocupa un lugar secundario en sus intereses. Por ello y debido a la complejidad del problema la Unión Europea no ha sido capaz de garantizar la seguridad en el país. Las juntas militares llegaron al poder lastimándose en la incapacidad del gobierno del momento para dar estabilidad al país y una de sus primeras actuaciones fue expulsar a las misiones occidentales de su territorio y traer otras nuevas. No obstante, estas tampoco están funcionando y la inseguridad está aumentando en Mali, Níger y Burkina Faso. El aumento de la presencia rusa en el Sahel ha causado