Chad, nodo central del avance turco en África

Durante una visita del ministro de Exteriores francés Jean-Nöel Barrot a Chad el día 24 de noviembre de 2024, recibió la noticia por parte de su homólogo chadiano sobre la voluntad del país de terminar los acuerdos de cooperación existentes en materia de seguridad entre ambos países. Esto implicaría cesar el despliegue de alrededor de 1.000 efectivos de las bases de Faya-Largeau, en el norte, Abéché en el este y Adji Kosseï, en N’Djamena, donde incluso tenían desplegado dos Mirage 2000D.

Esta decisión se suma al anuncio el mismo mes del deseo por parte de Diomaye Faye de retirar las tropas francesas de Senegal, así como el interés de Ouattara de reducir el contingente en Costa de Marfil, lo que significaría la práctica expulsión de Francia de África Occidental, en lo que Macron se refirió como “falta de agradecimiento” por parte de los países africanos.

En enero de 2025, Francia entregó la Base Aérea de Abéché y la base de Adji Kosseï a las Fuerzas Armadas Chadianas.

 

Tan pronto como como el contingente francés se marchó, Radio Francia Internacional informó sobre el despliegue en la base de Faya-Largeau de drones de origen turco pero propiedad chadiana, junto con sus operadores y técnicos turcos (posiblemente de SADAT), y la posibilidad de extender este despliegue a la base de Abéché.

El arsenal turco en Chad.

Ya tratamos en OSINT Sahel la recepción de dos drones ANKA y tres turbohélice de ataque ligero Hürkuş-C fabricados por Turkish Aerospace Industry (TAI), aunque las adquisiciones por parte de Chad a la compañía prosiguieron, desvelándose en un vídeo 21 de abril de 2024 la adquisición de dos drones Aksungur, la joya de la empresa y dron competidor con el Baykar Akıncı. El Aksungur ha sido recientemente entregado a Níger y Angola lo ha comprado, pero aún no ha sido recibido.

Dron TAI Aksungur de la fuerza aérea chadiana.

En el vídeo se observa al dron operando desde la base Adji Kosseï en el aeropuerto internacional de N’Djamena, realizando despegues, aterrizajes y observaciones a tierra. Este dron cuenta con características reseñables, tales como radio de operación mediante enlace directo de 250km, ampliables a 5000km en caso de contar con una comunicación vía satélite, pudiendo ser altamente aprovechados en sus 50 horas de duración de vuelo en el que puede cargar diversos pods para misiones ISR.

También puede llevar a cabo ataques de precisión con su capacidad de carga de 750 kg distribuidos en sus cuatro pilones subalares, aunque reduce su autonomía a 12 horas. En el vídeo se observa que está cargado con ocho municiones dirigidas por láser MAM-L de la marca ROKETSAN de 22kg cada una.

Micromuniciones inteligente (MAM) de ROKETSAN.


Por último, se muestra el envío de personal chadiano a las instalaciones de TAI, donde se entrenaron para la operación y mantenimiento de distintos tipos de drones.

No tardó en ser visto en acción. En noviembre del 2024 operó en la Cuenca del Lago Chad, abatiendo objetivos yihadistas de ISWAP y JAS en el marco de la operación Haskanite, lanzada como parte de una represalia por una acción el 27 de octubre de 2024 que propició la muerte de 40 soldados chadianos. Esta actuación no fue libre de polémica, pues diversos colectivos del estado nigeriano de Borno denunciaron la muerte de pescadores inocentes confundidos en el proceso de targeting, aunque la presidencia chadiana niega estas afirmaciones.

Más recientemente, se han visto volando en territorio sudanés, aunque sin pruebas fehacientes de su grado de implicación directo en la contienda.

 


La velocidad estratégica turca.

Turquía se ha demostrado en repetidas ocasiones como un actor decidido, con una fuerte convicción a la hora de establecer y defender sus intereses y sobre todo, oportunista en cuanto se presenta un vacío de poder. En el caso de Chad no pudo ser diferente.

El 16 de enero de 2025 Turquía y Chad firmaron un acuerdo por el que Turquía ostentaría el control de la base aérea de Abeché en el este. Este acuerdo habría sido negociado de forma apurada entre el embajador turco en Chad y las autoridades locales.

 

Este acuerdo se habría firmado bajo la jurisprudencia del acuerdo de defensa firmado en 2022. En este acuerdo se especifica que entre ambos países se intensificará la cooperación militar, ejercicios conjuntos, cooperación en materia de industria de defensa, intercambio de inteligencia militar, sistemas de información y ciberdefensa, así como la posibilidad de incluir operaciones militares conjuntas.

Fuente: Nordic Monitor.

Este acuerdo fue redactado específicamente para permitir una ampliación mediante acuerdos de entendimiento y protocolos adicionales sin tener que volver a pasar por los respectivos parlamentos, una tendencia común a todos los acuerdos de defensa e inteligencia suscritos por Turquía en África que ya describimos en OSINT Sahel.

Fuente: Nordic Monitor.


Poco después de la firma del acuerdo, el 19 de marzo de 2025 viajó a Turquía el Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas Chadianas, el general de brigada Amin Ahmed Idriss. Diversos medios aseguran que esta visita tuvo como objetivo monitorizar el programa de adquisición de equipamiento militar turco, incluyendo drones y aeronaves, así como la cesión a las fuerzas armadas turcas de la Base de Amdjarass en el este.

En conjunto, Turquía cuenta actualmente con capacidad de desplegar personal y material en las mayores bases aéreas de Chad. Tácticamente cada una de ellas permite a Turquía seguir un objetivo dentro de su amplio abanico de intereses en la zona.

En el este, con el control de la Base de Abéché, y la posibilidad de que también tenga control sobre la de Amdjarass, Turquía tiene la capacidad de monitorizar Sudán mediante medios ISR, además de tener un punto de escalón logístico para los distintos intereses que ostenta en el conflicto civil entre SDF y RSF.

La guerra de Sudán refleja con claridad la creciente rivalidad entre Turquía y Emiratos Árabes Unidos. Diversos informes de la ONU y de agencias internacionales señalan que EAU mantiene un apoyo sostenido a las RSF, llegando incluso a emplear aeropuertos chadianos como plataforma logística para el flujo de armas y suministros.

Turquía, por su parte, se ha convertido en un proveedor clave de drones y capacidades ISR para el ejército sudanés (SAF), al tiempo que intenta reforzar su influencia en Libia oriental acercándose al mariscal Haftar, tradicional aliado de Abu Dabi.

Dentro de las negociaciones del 16 de enero de 2025 se planteaba la construcción de una escuela de drones en Abeché y el empleo desde esta base de drones Bayraktar TB2 turcos, pero hasta ahora solo han confirmado la noticia medios de dudosa fiabilidad.

Imagen vía Zahraa Muhammad en Facebook.

En el norte, la base de Faya-Largueau se perfila como una instalación de especial relevancia debido a su proximidad tanto a los territorios controlados por el LNA de Haftar como al espacio relativamente desregulado del Fezán. Su ubicación convierte a la base en un punto idóneo para el seguimiento del conflicto libio, las rutas de contrabando y las dinámicas libias que afectan de forma directa a la estabilidad del Sahel central.

La presencia de personal militar húngaro en la misma instalación introduce un elemento adicional a considerar, no solo porque añade complejidad a la gestión operativa del enclave, sino porque revela la convergencia de intereses entre Budapest y Ankara en ocupar los espacios de poder dejados por Francia.

En el sur, la base de Adji Kosseï, en N’Djamena, se perfila como la instalación que previsiblemente concentrará mayor actividad operativa y donde Turquía intentará ampliar su presencia en cuanto el contexto político y militar lo permita. Al estar situada junto al principal nodo logístico y administrativo del país, ofrece a Ankara una plataforma consolidada para coordinar despliegues, rotaciones de personal y operaciones de mantenimiento, convirtiéndose en el corazón del dispositivo turco en Chad. Su proximidad a la cuenca del Lago Chad y al conjunto de países del Sahel proporciona una ventaja considerable: desde allí pueden lanzarse misiones ISR y operaciones de ataque contra células yihadistas, movimientos insurgentes y grupos rebeldes que operan en un área caracterizada por su porosidad fronteriza y elevada volatilidad.

Conclusiones

La retirada de Francia del Sahel, y especialmente de Chad, ha dejado un vacío que Turquía ha sabido aprovechar con rapidez. Allí donde París ha perdido influencia, Ankara ha avanzado mediante acuerdos flexibles y despliegues inmediatos, consolidándose como un actor oportunista capaz de ocupar cada espacio abandonado por la antigua potencia dominante.

En este contexto, Chad adquiere un valor estratégico central. Su posición entre Libia, el Cuerno de África y el Sahel permite a Turquía conectar sus principales ejes de penetración africanos y proyectar su poder. Esta presencia ofrece a Ankara una plataforma directa para influir en conflictos tales como la guerra de Sudán, crucial para su agenda regional.

La creciente presencia turca también alimenta la rivalidad con Rusia, que aspira a ampliar su influencia a través de Libia y del proyecto de base naval en Port Sudan. Turquía, más rápida y flexible en la negociación, ha logrado adelantarse a Moscú en varios frentes, limitando su capacidad de consolidación en nuevos escenarios.

Por último, la irrupción turca en Chad intensifica una competencia poco estudiada con Emiratos Árabes Unidos, especialmente en Sudán y Libia, donde ambos respaldan facciones opuestas. Esta rivalidad se extiende ahora al Sahel, convirtiendo a Chad en un pivote geopolítico donde se cruzan las ambiciones de Ankara y los intereses de sus principales adversarios regionales.

Arturo Esteban Martínez

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