Bancroft Global Development: ¿una contraofensiva estadounidense en el corazón de África?

En los últimos meses hemos visto manifestaciones en República Centroafricana protestando contra la presencia de Bancroft Global Development, una peculiar organización no gubernamental estadounidense cuya naturaleza la acerca más a una empresa militar privada y que se financia fundamentalmente de proyectos del Departamento de Estado estadounidense. La presencia de la organización en ese país africano es llamativa, ya que se trata de uno de los países donde primero se asentó el Grupo Wagner en África y donde más intereses rusos hay vinculados a la explotación de los recursos naturales del país. La aparición de Bancroft en el corazón de África significaría que Estados Unidos está dispuesta a aprovechar la reorganización de la presencia rusa en África para recuperar espacios de influencia. En 1999, Michael Stock, heredero de una familia de banqueros, creó una organización sin ánimo de lucro llamada Landmine Clearance International. El objetivo de la organización era limpiar de minas, artefactos explosivos y municiones sin explotar zonas habitadas de países que habían sufrido un conflicto armado, un problema que afecta a numerosos países incluso décadas después del fin de los conflictos armados. Varios años después, en 2008, la organización cambió su nombre a Bancroft Global Development. Este cambio significó también que sus objetivos se ampliaron. Más allá de la limpieza de terrenos, la organización ahora buscaba impulsar el desarrollo de países en conflicto. Un objetivo tan general se buscaba a través de, entre otras estrategias, el asesoramiento y formación de actores locales del sector de la seguridad y que contribuyeran a la estabilización del país. Tras estas palabras se escondía que, en la práctica, Bancroft Global Development entró en el campo de la formación de fuerzas militares operando de una forma no muy diferente a una Empresa Militar Privada. La discreta presencia estadounidense en Somalia. El caso más famoso y documentado de las actividades de Bancroft Global Development es Somalia. Allí, la organización se encargó de formar a las fuerzas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM). En 2011, mientras el Gobierno Federal de Transición somalí luchaba por el control de la capital del país contra las fuerzas yihadistas de Al Shabab, Bancroft mantenía en la zona un equipo de 40 empleados. En un reportaje de The New York Times publicado en agosto de 2011 se les describe como una mezcla de exmilitares franceses, escandinavos y sudafricanos dedicados a actuar de “mentores” para los militares de Uganda y Burundi de la fuerza AMISOM. El reportaje elevaba a siete millones de dólares el dinero pagado por ambos países a Bancroft por sus servicios. Dinero que luego les fue reembolsado por el Departamento de Estado en una operación a tres bandas. Otra de las actividades de Bancroft en Somalia fue la formación de la brigada de operaciones especiales Danab (“Relámpago”). El entrenamiento de la unidad había arrancado en octubre de 2013. Para su creación se reclutó a militares somalíes de distintos clanes, lo que pretendía ser una experiencia piloto para el renacido Ejército Nacional Somalí, tratando de superar así el sectarismo que había llevado al país al caos. La creación de la brigada Danab pretendía permitir al gobierno somalí recuperar la iniciativa, lanzando acciones ofensivas contra Al Shabab. Por aquel entonces, Somalia era un foco de interés de Estados Unidos, con operaciones contra líderes yihadistas mediante el empleo de drones armados. Mientras tanto, apoyaba la “creación de capacidades” locales, formando a las fuerzas armadas, al servicio de inteligencia somalí y a las unidades especiales de ambas. La actividad de Bancroft en Somalia permitía a Estados Unidos mantener una presencia lo más discreta posible en el país. El reportaje del New York Times de agosto de 2011 citaba las palabras de Johnnie Carson, máximo responsable entonces dentro del Departamento de Estado para África: “No queremos una huella o botas sobre el terreno estadounidenses”. El cambio en la Casa Blanca, tras las elecciones presidenciales de 2016, no supuso un cambio para las actividades de Bancroft en Somalia. En 2018 la prensa local de Somalia mencionaba su presencia, junto a elementos de la brigada Danab, en la región de Galmudug, al norte del país, donde empleados de la empresa estaban formando a una fuerza de policía local. La presencia de un avión con colores civiles Dornier 328 con numeral 73091 en (realidad un avión militar C-146A Wolfhound del Mando de Operaciones Especiales de la fuerza aérea estadounidense) permitiría saber que Bancroft trabaja de cerca con las fuerzas armadas estadounidenses. Military Times daba cuenta en mayo de 2019 que Bancroft había recibido 490.000 dólares por sus servicios en Somalia en los anteriores doce meses y que aquel mismo mes había firmado un nuevo contrato por 730.000 dólares. Siendo una organización sin ánimo de lucro, no es una anomalía que la empresa firme contratos con el Departamento de Estado, ya que dicha figura lo único que impide es repartir beneficios. Aunque los contratos de Bancroft con el Departamento de Estado para formar a las fuerzas de AMISOM y a la brigada Danab por un total de 33 millones de dólares fueron sometidos en 2021 a una auditoría en la que se encontraron pagos considerados excesivos a modo de incentivos por valor de 3,78 millones de dólares, tal como recogió el New York Times, haciendo referencia a un documento PDF que ya no está disponible. La estrategia de Bancroft en Somalia era mejorar la situación en el país y aprovechar las oportunidades de negocio que la estabilidad creara. Para ello en 2011 creó la empresa Bancroft Global Investments. Una nueva etapa: República Centroafricana. Aparte de Somalia, Bancroft afirma contar con presencia en países africanos como Kenia, Libia y Uganda. Pero poco sabe de la actividad de la organización en esos países. Sin embargo, su aparición en República Centroafricana ha generado un revuelo informativo, ya que evidentemente su presencia allí responde a la voluntad estadounidense de disputar a Rusia el área de influencia lograda por el Kremlin en el corazón de África. Un portavoz de Bancroft declaró a la agencia de prensa francesa AFP