El sufismo senegalés como medida de protección contra el salafismo del Sahel

El Islam sigue en Senegal un camino particular, distinto al de otras naciones de África Occidental. Esta particularidad viene acompañada por las populares cofradías religiosas de base sufí que proliferan en el país desde épocas previas a su independencia, entre las que se encuentra la cofradía conocida como muridismo. El muridismo fue concebido por el teólogo senegalés Cheick Amadou Bamba en el siglo XIX, durante el apogeo de la colonización francesa, mientras que el carácter nacionalista que acompañó a los discursos de Bamba valió al histórico líder religioso cuatro años de destierro en Mauritania junto con la enemistad de las autoridades coloniales; este carácter vinculante entre el muridismo y la independencia senegalesa colaboró en la construcción del ADN de la nación durante las décadas posteriores. La nación senegalesa y su identidad vienen íntimamente ligadas a estas cofradías (sectas) sufíes, como son los muridíes, pero también los tidianes, los khadres o los niassenes. Algunas de estas cofradías dependen de una mayoría étnica concreta, otras son interétnicas en mayor grado. La notable influencia religiosa ha permitido que, más de 60 años después de la independencia del país africano, aún no pueda apreciarse una clara división entre la religión y el Estado, hasta que destaca un dicho popular que afirma que “el verdadero presidente de Senegal reside en Touba”. Touba es el nombre que recibe la ciudad sagrada fundada por Cheick Amadoy Bamba en 1888, actualmente considerada como la segunda urbe más poblada de Senegal, y todos los años acuden hasta su grandiosa mezquita millones de peregrinos de todo África Occidental. Las leyes que se aplican en el interior de la ciudad difieren de las del resto del país en que la máxima norma es la sharía, y no las leyes inscritas en los códigos legislativos senegaleses, mientras que la máxima autoridad disponible se trata del califa de los muridíes, una figura esencial y cuyo poder traspasa las barreras de lo religioso para abarcar una influencia suscrita a los campos económicos y políticos del panorama nacional. Serigne Mountakha Mbacké, nieto del difunto Cheick Amadou Bamba, es quien sostiene el cargo desde 2018. Es importante comprender la figura del califa de Touba. Un ejemplo reciente podría encontrarse en las protestas ocurridas en Senegal durante el verano de 2023, después de que el líder opositor Ousmane Sonko fuera condenado a dos años de prisión por “corromper a la juventud”. Diversos medios señalaron entonces a Serigne Mountakha Mbacké como la máxima personalidad tras las protestas (el periódico senegalés Bës Bi le Jour directamente publicó en portada la frase: “Touba, el rey del juego”) y el presidente de la República, Macky Sall, acudió en persona a Touba para reunirse con el califa y buscar una salida conjunta a la crisis. Resulta representativo que fuera el presidente senegalés quien se desplazó entonces a Touba, y no a la inversa. La corrupción política nacional, los sueños de independencia frustrados por el neocolonialismo y la repetición de la miseria han provocado que un creciente número de senegaleses inclinen su balanza de esperanzas en favor de las cofradías religiosas. Los cayucos que desembarcan en canarias no ondean banderas con el rostro de Léopold Sédar Senghor o de Abdoulaye Wade, expresidentes senegaleses, sino que muestran orgullosos grabados de Serigne Babacar Sy, líder histórico de la secta Tijaniyyah, o del propio Cheick Amadou Bamba. Autobuses, taxis y negocios también aparecen decorados con pósteres de los líderes religiosos. La imagen se repite igualmente en los murales a pie de calle, etc. Y nadie quiere dejar de escuchar los mensajes que publican los líderes religiosos de Senegal cuando un acontecimiento político (como la condena a Ousmane Sonko) arroja a la calle a miles de ciudadanos en señal de protesta. Son ellos quienes llaman a la calma y apaciguan las tormentas. Y los senegaleses, tarde o temprano, prestan atención a su mensaje. La evidente intromisión religiosa en la arena política senegalesa puede suponer un debilitamiento directo de su calidad democrática, aunque, irónicamente, es una de las razones que explican que Senegal no haya sufrido hasta la fecha guerras civiles ni golpes de Estado que menoscaben esta misma democracia. En otros países (Gambia, Mali, Burkina Faso) también hay quienes han acudido al sufismo y sus cofradías como remedio a la extensión de la violencia y de las crisis políticas, pero las consecuencias concretas de estos países han querido que no hayan cobrado el peso que en Senegal. Entre otras razones, en Mali se halla un fuerte sincretismo religioso enzarzado con los valores radicales del fundamentalismo islámico; en Gambia nunca existió una figura libertadora del calibre de Cheick Amadou Bamba. Una vez se conocen los principios básicos que unen a las sectas sufíes con la política senegalesa, y reconocida su influencia social y de carácter nacionalista, haría falta entender su particular postura ante la violencia con fines religiosos, en un contexto regional donde el salafismo lleva más de una década causando estragos en el Sahel sin que Senegal se encuentre (todavía) afectada por ello. Quizás debería citarse en primer lugar uno de los poemas escritos por Cheick Amadou Bamba durante su destierro en Mauritania: Me habéis deportado con la excusa de que soy un adorador a Dios que lleva a cabo la yihad.Tenéis razón, mi yihad es por amor a Dios.Pero mi yihad es con las armas del conocimiento y la piedad en mi posición de adorador de Dios y servidor del Profeta.[…]Y si los enemigos poseen armas y son temidos,mis armas son las que ya he mencionado.Así es como llevo a cabo mi yihad. El amor a Alá, igual que el uso de la escritura como método de resistencia, son las bases que caracterizan a la yihad acometida por Cheick Amadou Bamba y sus seguidores en contra de la ocupación francesa. Basta una visita a la gran biblioteca de Touba, conocida como Daaray Kamil (la casa del Corán) para encontrar sus estanterías ocupadas por decenas de miles de libros escritos con poemas basados en el libro sagrado y copias del mismo escritas a mano. Todo senegalés