Libia, el puente logístico de Rusia hacia el Sahel

Bases, petróleo, alianzas y corredores aéreos: cómo Moscú utiliza la geografía libia para proyectar su presencia hacia África occidental Libia ocupa una posición singular en la estrategia africana de Rusia. El país no es únicamente un escenario de la rivalidad entre Trípoli y Bengasi: su territorio constituye un corredor entre el Mediterráneo y el Sahel y, desde 2024, ha adquirido una importancia creciente como nodo logístico de las operaciones rusas en África. El interés de Moscú combina presencia militar, acceso a aeródromos, relación estratégica con las fuerzas de Khalifa Haftar, intereses energéticos y una posición geográfica que permite conectar el Mediterráneo con Níger, Chad, Sudán, Mali y Burkina Faso. Un informe del Congressional Research Service (CRS) estadounidense de julio de 2026 señala que Libia se ha convertido desde 2024 en un creciente centro logístico para las operaciones rusas en el norte de África y el Sahel. La importancia geográfica de Libia es evidente al observar su extremo meridional. El país tiene una enorme extensión sahariana y limita directamente con Níger, Chad, Sudán y Argelia . El corredor del Fezzan conecta el Mediterráneo con el centro del Sahara, mientras que el área de Kufra proporciona una vía hacia Chad y Sudán. Para Rusia, esta posición permite utilizar territorio libio como escala antes de alcanzar países del Sahel que carecen de salida al mar. No se trata solamente de una cuestión de distancia: las rutas aéreas y terrestres que atraviesan Libia permiten reducir la dependencia de otros corredores regionales y aprovechar instalaciones controladas por las fuerzas de Haftar. La evidencia más concreta procede del seguimiento de vuelos. C4ADS analizó las transmisiones ADS-B de aeronaves vinculadas al aparato militar ruso entre enero de 2025 y julio de 2026 e identificó 75 vuelos relacionados con el abastecimiento de operaciones rusas en Mali, Burkina Faso y Níger. El estudio de este think-tank concluye que la ruta utilizada con mayor frecuencia por aeronaves estatales rusas parte de Rusia, pasa por la base de Jmeimim/Khmeimim, en Siria, continúa hacia Libia y desde allí prosigue hacia el Sahel. Dentro de Libia aparecen especialmente Al-Khadim, Al-Jufra y Matan al-Sarra como puntos de tránsito. C4ADS identifica además a la Unidad de Vuelo 224, dependiente del Ministerio de Defensa ruso, como uno de los principales operadores de estos vuelos. La importancia de esta ruta es especialmente grande porque Mali, Burkina Faso y Níger son países sin litoral. Los aviones de transporte rusos necesitan escalas para cubrir las distancias entre Rusia y el Sahel, y las bases libias proporcionan puntos de repostaje, mantenimiento y tránsito. Las aeronaves estatales rusas utilizan preferentemente bases bajo control ruso o de sus socios en Siria y Libia, mientras que determinadas compañías privadas vinculadas a operaciones rusas recurren también a centros comerciales de Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Argelia. La disponibilidad de las instalaciones libias puede convertirse en un elemento crítico para la capacidad rusa de mantener sus operaciones en el Sahel. Este puente logístico está estrechamente relacionado con Khalifa Haftar, comandante de las fuerzas armadas que controlan buena parte del este y del sur de Libia. Haftar no es un simple aliado local de Moscú. El CRS señala que las fuerzas de Haftar han aumentado su control de seguridad en el sur libio y que Rusia ha mantenido personal y sistemas militares en zonas controladas por la LAAF, mientras que el propio Haftar se ha convertido en un actor fundamental para las rutas rusas hacia el Sahel. La relación entre Moscú y Haftar no nació con el actual Africa Corps. Durante la guerra libia de 2019-2020, Rusia apoyó a las fuerzas de Haftar, inicialmente mediante Wagner y posteriormente mediante estructuras vinculadas al Ministerio de Defensa ruso. Después de la rebelión de Wagner de 2023, Moscú creó el Africa Corps para reorganizar buena parte de sus operaciones africanas bajo una estructura más directamente dependiente del Estado ruso, el nuevo dispositivo heredó parte de las bases, rutas logísticas y estructuras utilizadas anteriormente por Wagner. La guerra que explica esta división comenzó tras la caída de Muamar Gadafi en 2011. Las elecciones y la lucha por el control de las instituciones desembocaron en una nueva guerra civil en 2014, que terminó dividiendo el país entre estructuras políticas y militares rivales. En 2019 Haftar lanzó una ofensiva para conquistar Trípoli, entonces sede del Gobierno reconocido internacionalmente. Rusia, Emiratos Árabes Unidos y Egipto apoyaron al bando de Haftar, mientras que Turquía intervino militarmente en apoyo del Gobierno de Trípoli y de las milicias occidentales. El avance de Haftar fue detenido y ambas partes firmaron un alto el fuego nacional en octubre de 2020. Desde entonces no se ha producido una nueva guerra abierta de la misma escala, pero Libia continúa dividida política y militarmente. Esta división tiene una consecuencia fundamental: quién controla físicamente el territorio no controla necesariamente el petróleo de manera legal. La National Oil Corporation (NOC) sigue siendo la institución estatal responsable de la producción y comercialización internacional del crudo libio. Sin embargo, muchos campos, oleoductos y terminales se encuentran en territorios donde las fuerzas de Haftar tienen una importante presencia militar. La propia ONU ha documentado cómo actores armados vinculados tanto al entorno de Trípoli como al de Haftar han intentado ejercer influencia sobre la NOC y sobre los ingresos procedentes del petróleo. El “oro negro” explica buena parte de la importancia estratégica del territorio controlado por Haftar. Libia posee aproximadamente 48.000 millones de barriles de reservas probadas, las mayores de África, y alrededor del95 % de sus reservas recuperables se encuentran en las cuencas de Sirte y Murzuq . En la primera se encuentran grandes campos como Waha, mientras que en la segunda se localiza El Sharara, uno de los principales yacimientos del país. La explotación, sin embargo, no está monopolizada por Rusia. Las empresas europeas mantienen una presencia mucho más importante. En Waha, por ejemplo, la NOC posee el 59,16 %, TotalEnergies (Francia) el 20,42 % y ConocoPhillips (EE.UU.) otro 20,42 % ; la explotación corre a cargo de Waha Oil Company, propiedad de la