Tres gobiernos del Golfo de Guinea frente al avance yihadista

La expansión del yihadismo saheliano hacia el golfo de Guinea ha dejado de ser una advertencia de los analistas para convertirse en un problema diario para Ghana, Togo y Benín. Los tres países comparten frontera con Burkina Faso, epicentro de la actividad del Jama’at Nusrat al Islam wal Muslimin (JNIM), la filial de Al Qaeda en el Sahel, y los tres han articulado una respuesta distinta ante la amenaza. Ghana ha apostado por un aparato de seguridad forjado en décadas de conflictos internos en su norte, Togo con los resortes de control de un Estado autoritario y Benín con una operación militar desplegada cuando la amenaza ya estaba asentada. La experiencia de Mali, Burkina Faso y Níger permite evaluar esas respuestas con un criterio claro. Allí, los ejércitos no perdieron terreno por falta de medios, sino por su incapacidad a la hora de adaptarse a un adversario que modifica sin cesar sus tácticas, su armamento y su relación con la población civil. Y adaptarse exige tres cosas: leer correctamente al enemigo, reajustar los instrumentos en función de lo que se lee y sostener ese reajuste en el tiempo. Una respuesta que funciona hoy puede quedar obsoleta en meses. Con esa vara de medir se analizan aquí los tres casos. Ghana, las estructuras que hay que adaptar Exhibición de la brigada de operaciones especiales del ejército (ASOB) de Ghana durante una ceremonia de graduación. Foto: Fuerzas Armadas de Ghana. Ghana es el país que llegó mejor preparado a la amenaza. Su sistema político, con sus deficiencias, resiste la comparación regional: el índice de democracia de The Economist le otorgaba en 2024 una puntuación de 6,24 sobre 10, frente al 2,99 de Togo y el 2,55 de Burkina Faso. Aunque esa estabilidad institucional convive con un norte que lleva décadas generando conflictividad. Las disputas por las jefaturas tradicionales, como la que enfrenta a los kusasi y los mamprusi en la zona de Bawku, acumulan más de 300 víctimas desde 2021, y a ellas se suman la minería ilegal y el contrabando, concentrados en unas regiones septentrionales que abarcan buena parte del territorio nacional. Esa conflictividad crónica ha dotado al Estado de un aparato de seguridad y mediación ya rodado, transferible en buena medida a la lucha antiterrorista. Accra ha reforzado además su dispositivo militar: desde 2020 ha desplegado una red de bases operativas avanzadas a lo largo de la frontera con Burkina, las últimas activadas en febrero de 2026 en Jirapa y Hamile, y en marzo firmó con la Unión Europea una asociación de seguridad y defensa, la primera del bloque con un país africano.  Kaja Kallas, Alta Representante de la UE, con Naana Jane Opoku-Agyemang,  vicepresidente de Ghana. Foto vía europa.eu Pero la vulnerabilidad ghanesa no está en la frontera… sino en las fracturas internas que el JNIM sabe explotar muy bien. La más sensible es la que afecta a los fulani ghaneses. Desde 2019 son objeto de secuestros perpetrados por fulani procedentes de Nigeria, y desde 2021 el fenómeno ha alcanzado niveles que las comunidades califican de insostenibles. Denuncian que el Estado delega en exceso la liberación de rehenes en mediadores de la propia comunidad y que la impunidad es la norma: los secuestradores regresan a la calle en poco tiempo. Yahaya Mohammed, activista fulani del norte, sostiene que secuestrar a un fulani no acarrea las mismas consecuencias penales que secuestrar a cualquier otro ghanés. A ello se suma la estigmatización en los controles policiales, donde los separan del resto de pasajeros para registrarlos como si fueran extranjeros y les hace sentir todavía más estigmatizados por su propio Gobierno. Y ese agravio es precisamente el vector de reclutamiento que busca el JNIM. Un informe del instituto neerlandés Clingendael de 2024 documentaba sus intentos de explotar la discriminación de los fulani ghaneses, y testimonios locales y fuentes europeas confirman que hay jóvenes ghaneses (sobre todo de origen fulani) cruzando a Burkina para unirse a sus filas. Que Ghana no haya sufrido aún un atentado, por tanto, no es prueba de su solidez, dado que el mismo informe responde que se debe a un cálculo del propio grupo terrorista, que se mueve interesado en preservar el norte de Ghana como espacio de abastecimiento y repliegue. Desde el prisma de la adaptación, Ghana tiene la capacidad instalada, pero no ha completado la lectura del adversario, porque JNIM no avanza solo con fusiles. En el Sahel se implanta ofreciendo justicia, arbitraje y protección allí donde el Estado ha fallado. Accra ha reajustado su dispositivo militar, pero no su respuesta al agravio social que alimenta el reclutamiento. Mientras la prevención del descontento fulani no reciba la misma prioridad que la fortificación de la frontera, la adaptación ghanesa seguirá incompleta. Togo, el control como respuesta Blindados rusos GAZ Tigr-M en el desfile del día de la independencia de Togo, el 27 de abril de 2026. Imagen vía Thomas Nachtrab en x.com Togo opera con una lógica distinta. La familia Gnassingbé gobierna el país desde 1967, y un régimen autoritario de esa duración dispone de mecanismos de control social que resultan lesivos para los derechos humanos, pero que en materia de seguridad le ahorran parte del trabajo. Lomé los ha activado de forma sistemática. La región de Savanes, fronteriza con Burkina, permanece bajo estado de urgencia de seguridad desde junio de 2022, prorrogado anualmente y actualmente vigente hasta marzo de 2027. El régimen de excepción habilita controles de identidad, arrestos domiciliarios y prohibición de reuniones. La región está sembrada de puestos de control y cualquier extranjero necesita una autorización escrita del Ministerio de los Ejércitos para desplazarse por ella, con independencia de su visado. El contraste con el norte de Ghana, donde la circulación es libre, ilustra dos filosofías opuestas. El control se extiende también al relato. La autoridad audiovisual togolesa ha prohibido expresamente a los periodistas informar de ataques o bajas para no minar la moral de las tropas. No fue hasta 2023, en su primera entrevista desde que asumió el poder en 2005, cuando

Níger regresa a una normalidad diferente

Níger vivió un jornada de crisis el sábado día 29 de agosto de 2026. Desde OSINT Sahel seguimos los acontecimientos con interés y publicamos una crónica que cerramos al final del día: «Nueva crisis en Níger: del motín militar a la intentona golpista«. #NigerFollowing the deployment of a large number of troops to the clashes in Niamey, the situation is claimed under control.There is currently no information on whether the attack was carried out by jihadists or was an attempted coup.Given the recent attacks, rebel groups… pic.twitter.com/wc580Wxmas — Hasret Kargın (@KargnHasret) August 29, 2026 Aquel día los acontecimientos se centraron en Niamey. Las fuerzas opositoras del Frente Patriótico de Liberación emitieron un comunicado donde se declaraban «solidarios con la causa defendida» y al final del día había incertidumbre sobre más movimientos de tropas desde el resto del país en apoyo a los insurrectos. Pero tras la caída de las fuerzas insurrectas en la base militar ubicada en el aeropuerto de la capital no hubo nuevos pronunciamientos o movimientos. La crisis se dio por cerrada. Desde el día 29 de agosto se han difundido dos relatos sobre los acontecimientos. El primero presentó lo sucedido aquel día como un motín militar protagonizado por un puñado de militares descontentos ubicados en la Base Aérea 101 y trató de no darle una mayor dimensión a lo sucedido. El otro relato presenta los acontecimientos como el resultado de una compleja conspiración alentada desde fuera del país. El segundo ha ido ganando fuerza en los medios oficiales de Níger. Las armas de los amotinados. La televisión nigerina mostró las armas en posesión de los militares amotinados en la Base Aérea 101 de Niamey. El recuento realizado por las autoridades del material incluye: 382 fusiles tipo AK (fundamentalmente del modelo chino CS/LRS11), 30 ametralladoras PKM, 4 fusiles de precisión SVD, seis ametralladoras de 12,7mm, cuatro ametralladoras de 14,5mm, 36 lanzagranadas RPG-7 (incluyendo la versión china Tipo 69), un mortero de 82mm y 17 pistolas. Los amotinados contaban además con 34 vehículos ligeros Toyota Land Cruiser y dos vehículos blindados junto a abundante munición y equipos de comunicación. Los dos vehículos blindados empleados por los insurrectos son del modelo Cobra fabricado por la empresa Streit Group. Níger recibió vehículos blindados procedentes de Emiratos Árabes Unidos como parte de una donación alemana, aunque no está claro si estos vehículos llegaron por la misma vía. Las fuerzas amotinadas fueron identificadas como parte del Batallón Especial de Reconocimiento del Mando de Operaciones Especiales (BSR / COS), una de las unidades del ejército nigerino dedicado a la lucha contra los grupos insurgentes salafistas-yihadistas y los tráficos ilícitos. Se trata de una unidad de la que apenas había referencias en Internet hasta los acontecimientos del pasado día 29. Así sólo encontramos referencias en un recuento de 2019 de la actividad de las fuerzas especiales belgas en Níger formando a unidades locales y entre las que aparece el BSR. Funerales por los caídos en combate. Tres miembros de la Guardia Presidencial de Níger cayeron en los combates del día 29. Fueron identificados como el suboficial (adjudant) Illo Maihatchi y los soldados de 2ª clase Yahya Idrissa Zamnaou y Ousmane Haboulé Hamissou. El día 1 septiembre se difundieron imágenes de las honras fúnebres en las que fueron condecorados a título póstumo. En redes sociales hemos visto quejas del agravio comparativo entre los caídos en combate en las fronteras del país y estos tres militares caídos defendiendo el actual gobierno. Voces de las que se hace eco la radio pública francesa: «En Níger, hay dos ejércitos. La Guardia Presidencial, mimada, en Niamey, y los niños enviados a morir en Bankilaré o Diffa».  Un despliegue argelino inédito El día 29 hubo un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Argelia en claro y abierto apoyo a la junta militar. Como hemos tratado previamente en OSINT Sahel, Argelia ha aumentado recientemente sus gestos dentro de una nueva estrategia de mayor implicación en el Sahel: ha buscado la reconciliación con la junta militar de Mali, impulsa la explotación conjunta de un yacimiento de hidrocarburos en la frontera del país y ha realizado una importante donación de material a la fuerza aérea de Níger. Véase al respecto «Níger y Estados Unidos: alianzas estratégicas en el sector energético» (25 de agosto de 2026) y «La ofensiva diplomática de Argelia en el Sahel se salda en Níger con una donación de helicópteros» (15 de agosto de 2026). #بيان وزارة الشؤون الخارجية 🇩🇿 pic.twitter.com/ZkjKOUd5M7 — وزارة الشؤون الخارجية| MFA-Algeria (@Algeria_MFA) August 29, 2026 Después del regreso a la normalidad en Níger tuvo lugar un acontecimiento inédito. El día 30 de agosto cuatro cazabombarderos Sujoi Su-30MKA de la fuerza aérea de Argelia con el apoyo de un avión cisterna Ilyushin Il-78 y un avión de transporte Il-76, se trasladaron a Niamey. Los aviones de combate Su-30MKA sólo portaron dos misiles R-73 como autodefensa y algunos cargaron bombas de caída libre de la familia FA5 (250 ó 500). Por tanto, el despliegue no tuvo más propósito que reflejar el apoyo del gobierno de Argelia a la junta militar de Níger pero es significativo porque se trató de la primera vez que Argelia envía sus aviones de combate en un despliegue al corazón del África subsahariana. تعزيز علاقات التعاون الاستراتيجي بين الجزائر والنيجر /إرســــــــــــــــــال طائرات قتالية في مهمة لمواجهة محاولة زعزعة استقرار دولة النيجر الشقيقة.#وزارة_الدفاع_الوطني_الجزائرية pic.twitter.com/29jyT11ilk — وزارة الدفاع الوطني الجزائرية (@mdnGovDz) August 31, 2026 El salto a la fama del capitán Roger Gabriel El martes 1 de septiembre el capitán Roger Gabriel, del 1er Batallón de Paracaidistas del ejército nigerino con base en Niamey, apareció en la Radio Télévision du Niger (RTN) contando que había tenido contacto con un coronel chadiano de nombre Hassan Adoum, quien le habría confesado que su país preparaba una intervención militar en Níger con apoyo de fuerzas francesas. La lista de países implicados incluye Benín y Costa de Marfil, además de la participación de intereses de Bélgica y Emiratos Árabes Unidos. Las declaraciones del capitán Gabriel han alimentado las

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