Francia abandona sus bases africanas en un repliegue sin precedentes

El 28 de noviembre de 2024, el ministro de asuntos exteriores de Chad, Abderaman Koulamallah, anunció el «fin de la cooperación en materia de defensa, firmado con la República Francesa». El anuncio tuvo lugar apenas unas horas después de la partida del ministro francés de Asuntos Exteriores en visita oficial al país.

La marcha de las fuerzas francesas supone el fin a una presencia militar de 60 años que tuvo su momento destacado en los años 80, cuando Francia ayudó a Chad a repeler una invasión libia en un conflicto popularizado mundialmente como las “Guerra Toyota”. La marcha de las tropas francesas sucede además luego de la macha de las tropas estadounidenses del país.


El presidente de Chad, Mahamat Idriss Deby, aclaró que esta salida de las fuerzas francesas del país “no supone buscar reemplazar una potencia por otra, muchos menos la intención de cambiar de dueño”, en referencia a la posible entrada de fuerzas rusas. Y justificó la decisión porque el acuerdo de cooperación militar con Francia estaba “obsoleto”, no aportando a las necesidades actuales de Chad en materia geopolítica y de seguridad.

Chad sufrió una masacre de 40 soldados en octubre de 2024. Entonces el gobierno del país amenazó con abandonar la fuerza multinacional formada en 2015 por los países ribereños del Lago Chad entre quejas de que combatía en solitario la amenaza yihadista.

La repatriación del personal y el material militar francés en Chad ha contado con el empleo de un avión de transporte ucraniano An-124, mientras que el material pesado será repatriado vía el puerto camerunés de Duala.

El mismo día del anuncio hecho desde Chad el presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, declaró en una entrevista con la agencia de prensa francesa AFP que la presencia de bases francesas en el país era incompatible con la soberanía nacional. El anuncio tuvo lugar anticipando en pocos días el 80º aniversario de una masacre de soldados nativos de las fuerzas coloniales francesas que protestaban por el retraso en el pago de salario y las pobres condiciones de vida. Una masacre que por primera vez ha sido reconocida oficialmente por las autoridades francesas.

En apenas un día dos países africanos, antiguas colonias francesas, anunciaban el fin de la presencia militar francesa en su territorio. Las bases militares francesas en Senegal y Chad eran imprescindibles para garantizar a Francia su capacidad de intervención en el Sahel después de la salida de Mali, Níger y Burkina Faso. Esos tres países están ahora gobernados por juntas militares aliadas de Rusia y en ellos se ha hecho sentir la presencia del personal ruso. El anuncio de los dos países era un auténtico terremoto geopolítico que culminaba la salida de Francia de lo que allí se denominaba “la bande sahélo-saharienne” y en donde llegaron a estar desplegados miles de soldados.

Por último, el presidente de Costa de Marfil, Alassane Ouattara, anunció en su discurso de fin de año que las tropas francesas también abandonarían el país, refiriéndose específicamente a la base del 43º Batallón de Infantería de Marina francés, ubicado en Port-Bouët. La fecha límite anunciada para la entrega de esa instalación es el día 20 de enero de 2025.

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Mientras tanto, Francia reforma su presencia militar en el continente, donde ya sólo contará con bases militares en Yibuti y Gabón. Según informaba Africa Intelligence el pasado mes de noviembre, se pretende cambiar el modelo de bases militares permanentes por otro “más flexible” en el que Francia realizaría intervenciones puntuales con una estrategia africana más adaptada a las necesidades de los países locales. El énfasis en Francia se pondrá en la formación y el apoyo logístico a los países africanos.

En esta nueva era, el gobierno de París reforzará sus relaciones con países fuera de la órbita tradicional de influencia francesa. Estos nuevos planes, informó también Africa Intelligence, fueron presentados por el gobierno francés a sus aliados de la Unión Europea. La preocupación evidente de Francia es la penetración rusa en África y de otros potencias como China y Turquía, convertidas todas ellas en aliadas militares de los países africanos gracias a la venta de material militar más asequible que el occidental y también a la provisión de servicios de formación y asesoramiento donde se tiene menos cuidado en el respeto a los derechos humanos y se tiene más en cuenta la protección del statu quo político del país en cuestión.

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